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«Paul Blart: Superpoli de centro comercial». La mayor de las tragedias

Críticas

«Paul Blart: Superpoli de centro comercial». La mayor de las tragedias

El paradigma de la comedia sin gracia, una retahíla de situaciones ridículas y personajes insalvables en una propuesta a mayor ¿gloria? de un Kevin James que, incomprensiblemente, también se halla tras el guión en que se basa este desastre.

Kevin James se encuentra, dentro del descomunal catálogo de cómicos norteamericanos, en el lado de aquellos que no obtienen reconocimiento popular más allá de las fronteras yanquis. Frente a él, por méritos o veteranía, Jim Carrey, Ben Stiller, Jack Black o, en menor medida, Adam Sandler, por otra parte productor de este engendro; a su lado, Jon Heder, Will Ferrell, Seth Rogen o David Spade, entre tantos otros, cuasi desconocidos para el público mayoritario por estos lares. Y a pesar del descomunal e inesperado taquillazo de la película que ahora nos llega, lo cierto es que esta nueva propuesta no va a contribuir a que se gane el corazón del palco nacional. Más bien todo lo contrario.

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Paul Blart (James) se esfuerza con ahínco una y otra vez para superar las pruebas de acceso al cuerpo de policía. Pero sufre de hipoglucemia, y los bajones de azúcar de su cuerpo le impiden cumplir su sueño. Eso sí, es un padre devoto y servicial, y como guardia de seguridad en una gran superficie de ocio de su ciudad no tiene rival a la hora de desempeñar su labor con encono y dedicación. Y cuando un grupo de atracadores traten de hacerse con la recaudación del lugar, tendrá la oportunidad de demostrar su valía. “Paul Blart: Superpoli de centro comercial” supone la mayor de las tragedias para una cinta de género como esta, ya que es el paradigma de la comedia sin gracia, un espanto soporífero rematado por la losa insalvable con la que nuevamente los responsables de la adaptación de los títulos extranjeros al castellano han decidido castigar al palco. El argumento se basa, principalmente, en jugar con la situación planteada por filmes como “Jungla de cristal”, “Muerte súbita” o “Alerta máxima”, en los que el action hero de turno ha de combatir a un tropel villanos en un espacio cerrado sirviéndose de los recursos de que disponga o pueda conseguir; sin embargo, nuestro protagonista se dedica, sencillamente, a explotar hasta la exasperación su sobrepeso, ridiculizándose sin caer en polémicas sobre el mal gusto de lo que plantea ya que el cándido libreto ─prácticamente inexistente, por otra parte─ viene firmado por él mismo.

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Lo que resulta realmente sorprendente es que James considere que el patio de butacas responderá con carcajadas ante una aburridísima retahíla de sandeces carentes de la más mínima gracia, más allá de su sorprendente y loable habilidad para manejar el patinete a motor con el que se desplaza de un lugar a otro, así como de la sonrisa que puede dibujar en quien observa la descontextualización, ya habitual, de temas clásicos románticos de los años 80. Gags previsibles, secundarios patéticos, una pandilla de asaltantes insoportable… lo cierto es que poco se puede decir en favor de este tormento, castigo a los sentidos multiplicado hasta el infinito si se sufre, como ha sido nuestro caso, en su versión doblada. Steve Carr sigue sin lucirse tras las cámaras, convertido en el azote del cine familiar gracias a títulos como “Doctor Dolittle 2”, “Papa canguro” o “Rebote”, y demostrando una vez una ineptitud artística que va camino de convertirse en legendaria. Qué desperdicio.

Nota: 1/10

En las imágenes: Fotogramas de “Paul Blart: Superpoli de centro comercial” © 2009 Columbia Pictures, Relativity Media y Happy Madison Productions. Fotos por Richard Cartwright. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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