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«Pequeñas mentiras sin importancia»: La felicidad cruel

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«Pequeñas mentiras sin importancia»: La felicidad cruel

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«Pequeñas mentiras sin importancia» tiene la apariencia de comedia ligera sobre las vacaciones idílicas de un grupo de amigos, pero estalla como estudio de personajes centrado en el egoísmo emocional de una burguesía ensimismada.

De la infelicidad como cáncer, Todd Solondz ya hablaba en su «Happiness» (1998) con humor hiriente y camino de la metástasis que se daba en «La vida en tiempos de guerra» (2009), suerte de remake fantasmal donde ya no había esperanza posible. Solondz debería haberse planteado que el colmo de los retos, la sublimación de su cine brutal estaba, precisamente, en la comedia ligera y de amigos en continua celebración, que olvidan el sufrimiento de uno de los suyos mientras disfrutan de sus vacaciones. Es decir, otra forma de crueldad, quizá menos explícita y tanto o más dolorosa.

Precisamente, la premisa de esta «Pequeñas mentiras sin importancia» (ver tráiler y escenas). Película de Guillaume Canet de tintes autobiográficos que empieza mal y acaba peor, pero que entretanto propone la comedia de un verano idílico de un grupo de amigos en sus treinta y tantos, centrada en los roces y deslizamientos de amistad, amor, sexo, atracción, engaño y autoengaño que se suceden entre ellos. Canet emplea un largo metraje —la cinta alcanza las dos horas y media— en retratar una dolce vita prolongada entre brindis con el mejor vino, vídeos caseros, juegos de playa y flirteos varios. Y al fondo, en sordina, deja constante el recuerdo casi desvanecido de Ludo (Jean Dujardin), colega que quedó atrás, desfigurado y solo en sus últimas semanas de vida. Este estudio de personajes de apariencia liviana guarda, en su esencia, una verdad terrible que finalmente se hace omnipresente: a veces, muchas, el egoísmo de la felicidad propia se cobra víctimas colaterales.

De vagas intenciones moralistas y lejos de espíritus generacionales, el vaciado narrativo de «Pequeñas mentiras sin importancias» y lo generalmente banal de sus situaciones no deberían engañar al más complaciente de los espectadores: en sus postales estivales vive un mordaz ataque a la acomodada burguesía, ensimismada en sus hipocresías y apariencias, pero necesitada de sexo duro virtual cuando las luces se apagan. Un ataque, por otro lado, sólo posible desde la credibilidad de un reparto coral más que compensado, notable en los contenidos Marion Cotillard, Benoît Magimel y Gilles Lellouche, menos armónico en un François Cluzet en exceso confinado a soportar la carga cómica. Todos, al  final, coincidentes en un clímax final concebido como estallido de emociones contenidas, al tiempo duelo y celebración de la vida que bien podría ser el reverso más espontáneo y menos pomposo de la despedida de «Big fish» (Tim Burton, 2003).

Calificación: 7/10

Imágenes de “Pequeñas mentiras sin importancia”, película distribuida en España por A Contracorriente Films © 2010 Les Productions du Trésor, EuropaCorp, Caneo Films y M6 Films. Todos los derechos reservados.

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