“Point break (Sin límites)”: ¡Es un duelo de pasarela!

Escrito por el 02.01.16 a las 12:14

Era complicado, de entrada, que un remake de “Le llaman Bodhi” resultara atractivo, sin hablar ya de sus posibles resultados artísticos. Por desgracia el remedo se confirma como un castañazo que celebra el postureo de sus muñecos protagonistas. Un estético churro.

Johnny (Luke Bracey) se dedicaba a los deportes de riesgo, ahora trabaja para el Gobierno. No, no es el arranque de un remake de “xXx” -aunque con el vagar comercial del Hollywood mainstream, todo se andará-, es el arranque de un remake de “Le llaman Bodhi”, una de las más legendarias cumbres del thriller de acción noventero con la machota y genial Kathryn Bigelow a los mandos y dos de los iconos del momento al frente: Keanu Reeves y, especialmente, Patrick Swayze, por aquel entonces lo más de lo más. Este endeble remedo se llama por aquí “Point break (Sin límites)”, y la pena es que otra cosa no, pero limitaciones tiene. Mil.

Point break

«Si no tenemos las ideas, ¿qué más hay?» «La acción». Básicamente la propuesta recorre Los Ocho Trabajos de Bodhi, un ramillete de proezas bien ejecutadas técnicamente por Ericson Core, también director de fotografía de la propuesta; lástima que su dominio del formato videoclip/anuncio de bebida energética carezca de la más mínima emoción más allá de sus eléctricos arrebatos cabreros: es una película lacia, mortecina y poco emocionante… con un guion del horripilante Kurt Wimmer, además, lo que remata el conjunto definitivamente. No hay historia, y no porque generacionalmente algunos la conozcamos ya. Sólo es un largo spot de deportes extremos con interludios de guapazos insustanciales/insoportables charlando. Fenomenal.

Point break

Y es que, en sus momentos de asueto -porque los hay, desde luego-, los muñecos protagonistas asemejan más bien una versión radicalizada de Zoolander -sponsor incluido- que una pandilla de psicóticos ecoflipados asesinos por la Naturaleza. Luke Bracey, héroe intercambiable, se abandona en los brazos de Édgar Ramírez, icono intercambiable de maravilloso e ideal flequillo, adorados ambos por una pandilla de secundarios intercambiables entre los que ni siquiera funciona la complicidad bromance no ya del original, sino de toda la vida en este tipo de orquestas. Vaya, vaya. Ray Winstone y, sobre todo, Delroy Lindo, parece que ni han recibido el guion y van sobre la marcha. Olé. A Gaia lo que es de Gaia.

Calificación: 3/10



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1 - Aurora - 16:44 - 21.03.16

Sencillamente lamentable. Hay muchísimo deporte de riesgo y dicen que además, es una película.



 
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