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«Posesión infernal: Evil dead». Lloviendo sangre

Críticas

«Posesión infernal: Evil dead». Lloviendo sangre

«Posesión infernal: Evil dead» intenta transgredir los límites de lo soportable para un espectador insensibilizado a lo explícito. Un remake que se entrega a la postal splatter de memorable brutalidad.

El paso de «Posesión infernal» (Sam Raimi, 1981) de proyecto entre amiguetes a película de culto significó, a través del boca-oreja y del tráfico de cintas VHS, el triunfo de ese fan que deseaba desde los márgenes ver cobijado en pantalla grande su gusto por un género entregado al exceso consciente y jaranero. La prolongación de ese éxito en dos secuelas más —la superior «Terroríficamente muertos» (1987) y la olvidable «El ejército de las tinieblas» (1992)— y el camino paralelo de directores como Peter Jackson fueron la base de un inusitado viaje: el de realizadores que pasaban de materializar sus sueños húmedos de sangre con cámara doméstica a ser, veinte años más tarde, titanes de la industria que adaptaban su sensibilidad a las exigencias del mainstream.

Lou Taylor Pucci en Posesión infernal Evil dead

Hoy, el cine de terror comercial ya ha abrazado las formas de torture porn y ha jugado, insistentemente, a transgredir los límites de lo soportable de cara a un espectador cada vez más insensibilizado a lo explícito. Quizá conscientes de ese trayecto el exceso aceptado y celebrado, tres de los artífices del mítico original —su protagonista Bruce Campbell, el productor Robert G. Tapert y el propio Raimi—, impulsan esta «Posesión infernal: Evil dead» (ver tráiler y escenas) que intenta sacudir de nuevo a un palco ya acomodado a la fórmula gore. Aquí la vía ya no es el divertimento verbenero teñido de rojo, la carcajada cómplice del FX de andar por casa, sino el empeño que su director Fede Alvarez pone en hacer de cada mutilación y muerte una postal splatter de memorable brutalidad. Desaparecido todo rastro de ese humor que sí convertía a «Arrástrame al infierno» (Raimi, 2009) en un auto-homenaje sin complejos, el gran valor de su película reside en su rechazo a ser otro producto más afiliado a los tópicos del género y caduco en la memoria de un público preferiblemente adolescente. Antes al contrario, impone a toda costa su voluntad de ser esa experiencia extrema que alcanza su culmen en un desmembramiento por la vía más dolorosa o un remate con motosierra bajo una lluvia de hemoglobina.

Elizabeth Blackmore en Posesión infernal Evil dead

Comprometida a conseguir esa iconicidad salvaje, «Posesión infernal: Evil dead» se ciñe sin atisbo de originalidad a la variante de mancebos despedazados de uno en uno en un escenario aislado, coordenadas idénticas a las que «La cabaña en el bosque» (Drew Goddard, 2012) utilizaba para su parodia y deconstrucción del género. En ese sentido, la cinta no hace ningún esfuerzo por revolverse contra el estereotipo o dotar de alguna credibilidad a unos personajes dramáticamente nulos, que son carnaza pura para un catálogo de imágenes traumáticas que desdeñan cualquier profundidad narrativa.

Calificación: 6/10

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Imágenes de «Posesión infernal: Evil dead», película distribuida por Sony Pictures Releasing de España © 2013 Tristar Pictures, FilmDistrict y Ghost House Pictures. Todos los derechos reservados.

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