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«Precious»: Un canto negrísimo y sobrecogedor a la vida

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«Precious»: Un canto negrísimo y sobrecogedor a la vida

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Un drama seco y desgarrador que se acerca con realismo a la historia de su protagonista. Grandes interpretaciones de Mo’Nique y Gabourey Sidibe, quienes dan fuerza a las complejas relaciones de sus personajes.

Quien vaya a ver «Precious» tiene que saber que asistirá a un drama personal y familiar durísimo, con personajes y situaciones extremas tratados de manera cruda y directa. Es la adaptación que hace Lee Daniels de la novela «Push» de Sapphire, que al parecer ofrecía un retrato aún más monstruoso del entorno de Clareece «Precious» Jones que el ahora contemplado por el espectador. Clareece es una joven de Harlem de dieciséis años, casi analfabeta y muy obesa, maltratada por su madre y violada por su padre, de quien espera su segundo hijo. Humillada desde una infancia que no tuvo y expulsada de la escuela, comienza a frecuentar un centro de educación alternativa y personalizada que le permitirá hablar y escribir… para contar su historia.

«Tienes que contar tu historia» es lo que le dice la Sra. Weiss, maestra de esa escuela especial y encargada de enseñarle las letras y también a vivir. Y bien que lo hace la chica, porque la película está narrada por su voz en off, en una especie de catarsis necesaria para sacar toda la desesperación y dolor acumulados y se esponje así un corazón que lucha por amar en medio de tanto cenagal. La cultura y la palabra como cauce de expresión para manifestar los propios sentimientos, para relacionarse y dar vida a unos sueños de normalidad tan deseados. Unos sueños que Lee Daniels trata de visualizar de manera surrealista y con formato videoclipero, pues Precious se evade con frecuencia sintiéndose amada por su «príncipe», triunfadora en un escenario o embellecida ante el espejo. «Oxígeno de bombona», pues ese glamour superficial no encaja bien en un alma tan sensible e intimista para quien sólo importan sus hijos, y que de manera brusca tiene que volver a la negrura de su casa y a su oscuro futuro.

La puesta en escena feísta y el lenguaje basto y soez buscan el realismo con la recreación de ambientes sórdidos, sólo superados por unos hechos exasperantes y miserables. El director hace que la cámara se mueva y se haga muy presente, como buscando mostrar cada rincón de ese infierno doméstico, y tan pronto recurre a un montaje sincopado para acelerar una escena como se aprovecha de un barrido, de un ralentí o de frecuentes primeros planos que buscan la expresividad de un rostro maltratado por la vida. Por otro lado, el retrato de la clase alternativa y de sus variopintas alumnas es tan fresco y espontáneo en su interpretación —incluso con cierta gracia en su carácter de estereotipos—, como falso en su puesta en escena, inverosímil en las reacciones que surgen entre ellas.

Pero ninguno de esos medios lograrían meter al espectador en la historia si no fuera por las interpretaciones de Mo’Nique y de Gabourey Sidibe, madre e hija, que dan fuerza a unas complejas relaciones en las que sorprende la sumisión e incomodidad de la adolescente y también la virulencia de la progenitora. Cada una tendrá su especial momento de gloria interpretativa, a la vez que de estallido emocional en el que dar rienda suelta a su dolor reprimido, sus ansias de amor no satisfechas, su llanto desconsolado y descorazonador. Son dos madres que no parecen de la misma pasta ni con los mismos sentimientos: una con una mirada de odio, frustración y egoísmo sin par —sobrecogedora la confesión que hace Mary, la madre—, y la otra con la tristeza dibujada en sus ojos desde su primera aparición al fondo de la clase, con el alma machacada de manera inhumana.

Una historia seca y dura que encoge el corazón y lo deja dolorido, no apta para quienes busquen escenas de emoción complaciente o de diversión —aunque hay algún apunte de humor que no llega a prosperar entre tanta asfixia—, ni tampoco para quien quiera salir del cine con un estado de ánimo optimista y positivo. Un drama desgarrador, y en parte enternecedor, que no deja a nadie indiferente, que apuesta por la cultura y la dignidad de la mujer, por vivir sin que nadie juzgue al que está en el pupitre de al lado y por la maternidad bien entendida —con un guiño narrativamente innecesario a la homosexualidad—, y que denuncia la violencia doméstica, el abuso sexual o la imposición por el miedo… en medio de un mundo negrísimo en el que también quiere ser un canto a la vida.

 

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Precious» – Copyright © 2008 Lionsgate, Lee Daniels Entertainment y Smokewood Entertainment Group. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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