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«Predators»: El juego más aburrido

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«Predators»: El juego más aburrido

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Nimród Antal y Robert Rodriguez destruyen lo que quedaba de uno de los iconos de la acción fantástica por antonomasia. Mal reparto y mal guión para una película sin más impulso que el ánimo recaudatorio. Otra propuesta que lamentar.

Pregunta: ¿qué hacen Adrien Brody, Alice Braga, Danny Trejo, Walton Goggins, Laurence Fishburne, Topher Grace, Mahershalalhashbaz Ali, Louis Ozawa Changchien y Oleg Taktarov armados hasta los dientes en una selva perdida, de la mano de Nimród Antal y Robert Rodriguez? Respuesta: pulverizar los escasos restos artísticos que quedan de uno de los más grandes iconos de la acción fantástica de las últimas décadas tras su paso por las batidoras de Paul Anderson y los hermanos Strause. “Predators” no ha funcionado como se esperaba en la taquilla norteamericana, al igual que ha sucedido con “Noche y día”, “Jonah Hex”, “El aprendiz de brujo”, “El Equipo A” y tantas otras producciones netamente palomiteras y veraniegas. Es momento de escuchar a la audiencia, de buscar nuevos caminos; pero de momento, es lo que hay, sin dobles lecturas ni dobles tintas, como se resume en una de las vergonzantes y autoexculpatorias conversaciones de esta película: «¿Tú qué eres?» «Un superviviente» «¿Y de qué sirve?».

Asesinos, yakuzas, soldados, mercenarios ─«los monstruos de nuestro mundo», se autodenominan─, los protagonistas, todos ellos carne de videoclub ─entiéndase la apreciación sin connotaciones peyorativas─, conforman una caterva disfuncional pero multidisciplinar en su dominio del noble arte del exterminio selectivo, que tendrá la prueba definitiva en su enfrentamiento con una suerte de Zaroff cósmico ─aunque este es el juego más aburrido, no el más peligroso─ que domina un coto de caza pobrísimamente esbozado desde el horripiloso guión de los primerizos Alex Litvak y Michael Finch. La cuadrilla, estridente y absolutamente ausente de carisma individual o colectivo ─máxime si se compara con el comando original─, establece una apagada maraña relacional absurda e inverosímil, sin mucho sustento ni a nivel interpretativo ni textual; con extraordinaria celeridad, el palco, ya predispuesto a colocarse del lado de una de nuestras más queridas criaturas, ansiará la llegada de un body count a la postre insuficiente e insatisfactorio, carente de sinceras motivaciones ─ni siquiera el ansia de supervivencia/venganza más básico y primitivo─ por encima de la glotonería recaudatoria generadora de beneficios y secuelas.

Así, los responsables de “Predators” ofrecen un reverso tenebroso de la exploitation de siempre, exprimiendo el triunfo cinematográfico de 1987 pero sirviéndose de algunos de sus mismos pilares ─a saber, los propios cazadores alienígenas, el fragor selvático, la potentísima banda sonora de Alan Silvestri, aquí remedada por John Debney─, sin escudarse en derivaciones ni paralelismos léxicos ni argumentales. Aburrida hasta lo exasperante ─especialmente a partir del cambio de orientación rítmica marcado por la aparición de un funesto e insoportable Laurence Fishburne desde su papel de Roland Noland (?)─, confusa a pesar de su evidencia, la trama ─es un decir─ se anticipa a sí misma de modo continuado pero presa de su antojo, disfrazando cualquier incoherencia con espasmódicos fogonazos de acción; los tramperos depredadores quedan convertidos en guiñapos descorazonados al son que marca el eternamente nefasto Adrien Brody, que en su irrisorio apogeo final se revela como fabricado a partir de lo que sobró del inolvidable Dutch Schaefer. Para llorar… o reír, según se quiera ver. Y otra pregunta: ¿por qué no ruedan un remake de “Llegan sin avisar”, y acabamos de una vez?

Calificación:
3/10

En las imágenes: Fotogramas de “Predators” © 2010 Twentieth Century Fox y Troublemaker Studios. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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