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Críticas

«Prefiero el Paraíso»: Los niños del coro

«Prefiero el Paraíso» es cine religioso y de factura televisiva, que huye de la ambigüedad y se mueve entre estereotipos. Tiene una finalidad didáctica y hagiográfica, y sus principales virtudes son la sencillez y la dulzura. 

La RAI ha demostrado de manera continuada su interés por el cine religioso y su capacidad para recrear vidas ejemplares de manera amable y positiva. Ahora, en «Prefiero el Paraíso» (ver tráiler) adapta para el cine —en coproducción con Lux Vide, la miniserie sobre Filippo Neri, santo florentino que llegó a Roma en tiempos del Concilio de Trento con la idea de ir a las Indias como misionero, y que terminó por encontrar su vocación alrededor de los niños desamparados que mendigaban por las calles. Es la historia de un hombre alegre y con enorme facilidad para ver el lado bueno de las cosas, sincero en sus intenciones y cariñoso con todos, capaz de romper con todas las reglas del momento menos con una, la de la caridad.

La factura de la película de Giacomo Campiotti revela sin pudor su origen televisivo y también su finalidad didáctica y hagiográfica. Prima la narración de los hechos sobre la caracterización de los personajes, la claridad del relato sobre los recursos expresivos de la imagen, y la nitidez del retrato sobre sus pliegues psicológicos. La sencillez es su principal virtud y la dulzura, la clave para recoger la vida del santo, como si esas características propias del biografiado se traspasaran al celuloide para alcanzar una cinta agradable. De manera intencionada, Campiotti se mueve entre los estereotipos, consciente de dar una imagen maniquea de la realidad pero también de resultar convincente en su simplicidad. Por un lado, nos presenta unos niños pordioseros pero encantadores, un sacerdote que rebosa mansedumbre y buen humor, un pueblo llano ignorante pero humilde. Y por otro, una nobleza desocupada y corrupta, un cardenal engreído y soberbio, una curia distante y protocolaria.

Todo resulta palmario en un tiempo de temores reformistas, con la herejía intentando driblar a la Inquisición e individuos ambicionando hacer carrera eclesiástica, pero también con numerosas iniciativas que mostraban la vitalidad sobrenatural de la Iglesia y la preocupación de muchos hacia los más desfavorecidos. Un ambiente de cambio que en su esquematismo está bien recogido, con un cuidado atrezo y una banda sonora que conduce el sentimiento hacia lo emotivo y no hacia lo dramático. Los aspectos oscuros son tratados con suavidad y pasados por alto, y la luz blanca todo lo inunda en su intención de resaltar el optimismo y ternura del santo. Hay momentos para que el espectador encuentre paralelismos con la vida de Cristo —reparto inagotable de comida, traición y desesperación, milagros muy «humanos»—, y otros para que se conmueva y reconforte —el reencuentro tras quince años, la siempre emocionante parábola del hijo pródigo, aquí muy bien insertada en la historia—, aunque todo sea a costa de una trama previsible y complaciente, siempre edificante.

No importa que los niños resulten poco naturales o que los mayores den vida a personajes sin doblez ni engaño —Gigi Proietti presta su mirada luminosa y su aire socarrón a Filippo, y le hace simpático y entrañable—, porque lo importante es transmitir un ambiente atractivo y amable, y dar al espectador dos horas de disfrute en compañía de gente con buen humor. En la línea del género religioso-televisivo y con las licencias de quien huye de la ambigüedad, el filme gustará a un público que no busque la belleza visual de la puesta en escena sino la interior en unos personajes dulces y admirables, capaces de formar un coro para cantar en su inocencia que prefieren el paraíso, si se puede.

Calificación: 6/10

Imágenes de «Prefiero el Paraíso», película distribuida en España por European Dreams Factory. Todos los derechos reservados.

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