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Premios Goya 2012: La consagración de Enrique Urbizu

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Premios Goya 2012: La consagración de Enrique Urbizu

En la noche de los Goya quedó de manifiesto que los premios de nuestro cine y la ceremonia en que se dan, han entrado en una etapa de normalización. Normalización del espectáculo, con una Academia consciente de que debe seguir el modelo de otros galardones para dejar atrás los fantasmas de la monotonía y las entregas mecánicas. Pero también la aceptación, en medio de la tormenta de la crisis y todo lo que ella conlleva, de una pluralidad industrial que queda refrendada en el palmarés. El cine español quiere llegar a su público, pese a los obstáculos que se interponen entre uno y otro —o de la parte de uno y de la del otro—, y no hay mejor manera de confirmar esta intención que repartiendo suerte entre una película de autor («La piel que habito»), otra sobre la (pos)Guerra Civil («La voz dormida»), un western con sabor internacional («Blackthorn [Sin destino]») y una cinta de género («No habrá paz para los malvados»). Esta última, además, supone la consagración de un realizador, Enrique Urbizu, que antaño hubiera tenido difícil participación de estos galardones, pero que hoy es celebrado como ejemplo a seguir en un cine necesitado de directores comprometidos con esa idea, la de cultivar sin complejos un género como el thriller y apelar a una comercialidad no reñida con la calidad.

Así, «No habrá paz para los malvados» se alzó con seis Goya que la hacen justa vencedora, seguida por los cuatro de «Blackthorn (Sin destino)», más en calidad de reconocimientos técnicos, y los cuatro de «La piel que habito» que no saben a derrota —con premios importantes a la actriz Elena Anaya o al compositor Alberto Iglesias, este último con reafirmación del apoyo de la Academia en su candidatura al Oscar®—, por tres de «La voz dormida» y «Eva» y dos de «Arrugas» —que, como bien apuntaron los responsables de su premiado guion, rompía con el lugar común de que las cintas de animación sólo podían ganar en los apartados de animación—. El palmarés, más previsible en las categorías principales que en las secundarias, buscaba dejar contentos a todos y proclamar el apoyo a propuestas muy distintas entre sí. O lo que es lo mismo, anhelar un futuro de cine español en el que tanto cabe un intocable Pedro Almodóvar como nuevos y jóvenes aires que se traducen en sorprendente ciencia-ficción —Kike Maíllo y su «Eva»—.

En cuanto a la ceremonia, la presentadora Eva Hache condujo con solvencia una gala en la que, en todo caso, demostró no desenvolverse con la misma frescura e ingenio que Andreu Buenafuente. Como maestra de ceremonias, Hache se prestó al musical, al sketch y al monólogo sin muchos problemas, pero hasta su chiste con más vitriolo quedaba en broma blanca al lado de la espléndida intervención de Santiago Segura y su inspirado raje a la indiferencia de los académicos hacia «Torrente 4: Lethal crisis (Crisis letal)» (Segura, 2011) o a la lógica de éstos a la hora de votar. Fue el momento más descarado y divertido en una noche en la que los números musicales volvieron a estar más cerca de la autoparodia que de la parodia en sí, y en la que el momento más político —la entrega del Goya a la Mejor Película Documental a Isabel Coixet por «Escuchando al juez Garzón» (2011)— coincidió con el más desconcertante —la aparición en el escenario de un espontáneo, ‘el muletilla’, y su demanda de un western en Extremadura—. En cuanto a discursos, Silvia Abascal protagonizó el más emotivo en su reaparición y Lluís Homar, el más emotivo e interminable, mientras que el presidente de la Academia Enrique González Macho —junto a sus dos vicepresidentas— se encargó de posicionarse en la línea abierta por su predecesor en el cargo, Álex de la Iglesia, en cuanto a las relaciones entre cine e Internet. Un discurso, todo sea dicho, más pendiente de descartar la red como impulsora de la producción cinematográfica que de replantearla como espacio para nuevos modelos de comercialización. Unas palabras, por tanto, que deberán ser revisadas en próximas ediciones, en pro de ese continuado y necesario ejercicio de autocrítica en el que, ahora sí, la Academia parece haberse embarcado. Estaremos atentos.


Imágenes de la ceremonia de entrega de los XXVI Premios Goya © 2012 Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Todos los derechos reservados.

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