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«Querido John»: Amor de postal

Críticas

«Querido John»: Amor de postal

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La elegancia formal y sensibilidad de Lasse Hallström rebajan el dramón lacrimógeno y evitan el desastre mayor en «Querido John», aún así abocada a la fatalidad, el amor de postal y la vaciedad.

«Querido John» supone una confluencia fatal de sensibilidad manufacturada e impostada de la materia prima, sensibilidad formal y elegante del adaptador y oquedad melodramática contra el trasfondo político del 11-S, recordatorio de los daños emocionales colaterales que empezaban a cimentarse con la caída de las torres gemelas. «Querido John» es, por tanto, un punto de encuentro tan conflictivo como insatisfactorio en su suma de pretensiones, uno definido desde la artesanía y corrección de Lasse Hallström, al que, más que reprocharle, se le pueden agradecer sus artes para suavizar el dramón devastador de pañuelos que, a todas luces, estaba llamado a ser el argumento original de Nicholas Sparks.

Hay dos secuencias que, en claro contraste, definen las contradicciones, la batalla interna librada en los entresijos de la película de Hallström. Una, culminación del amor de postal al que hemos asistido en el primer tercio, culmina con los bellísimos John (Channing Tatum) y Savannah (Amanda Seyfried) recitando un diálogo supinamente estúpido a propósito del alcohol, las drogas y las palabrotas (sólo mentales). La otra supone el reencuentro de la pareja después de una larga temporada de dolorosa y forzosa separación: en el aeropuerto, un abrazo enamorado en primer plano supedita a un segundo el registro a otros pasajeros que observan encandilados a los dos mancebos, mientras sufren las primeras consecuencias de una era inaugurada por el miedo. El fin de la historia supondrá, más tarde, el fin de una relación no tan destinada al fracaso por la distancia y la dicotomía patria-amor, sino, como ha dicho Roger Ebert, más porque esta se halla inscrita en un relato de Sparks.

Los aledaños de este romance son tierra fértil para semillas de dramón telefilmesco: cáncer, autismo y psicología para caballos son temas a tratar con corrección, sin visos de profundidad pero, al menos, sin indeseables exacerbaciones cuya evitación parece más virtud de un director en compromiso con un refinado academicismo. Hay hallazgos interesantes, (la escritura de los conflictos de la adolescencia desde el fondo de la nevera), algún leitmotiv emocional nada pobre (las monedas híbridas como herencia afectiva y símbolo de anversos y reversos del autismo) y un Richard Jenkins estremecedor en su economía de gestos, en su personaje con tara psíquica. Sin embargo, de poco sirven los méritos puntuales cuando el total se aboca indefectiblemente hacia la fatalidad y la vacuidad, contenida esta última en la simplona y recurrida frase que pone fin al análisis de la relación: «Nos vemos pronto».

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «Querido John» – Copyright © 2010 Screen Gems, Relativity Media y Temple Hill. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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