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«Regresión»: Aturdimiento colectivo

Críticas

«Regresión»: Aturdimiento colectivo

Lo que en principio parecía que iba a ser una interesante reflexión sobre la génesis del miedo y sobre la lucha entre la razón y la fe, entre la ciencia y la religión, en realidad se trata de un thriller del montón, un aburrido telefilm con una floja trama de satanismo y pesadillas. Eso sí, con envoltorio de calidad.

Ethan Hawke en un póster de RegresiónSi la impactante «Tesis» (1996) supuso con sus 7 Goyas el bienvenido descubrimiento de Alejandro Amenábar como un nuevo director estrella a seguir dentro del cine español y la fantástica «Abre los ojos» (1997) acabó de reafirmarlo, la impecable «Los otros» (2001) le abrió finalmente las puertas del mercado internacional. Se trataba de un impactante thriller de terror con sabor a clásico que seguía la estela de la reciente «El sexto sentido» (M. Night Shyamalan, 1999) y que significaría la primera de sus producciones rodadas en inglés y protagonizadas por estrellas internacionales; con Nicole Kidman al frente, fue un rotundo éxito de crítica y público, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras (recaudó cerca de 100 millones de dólares solo en la taquilla USA, cuando su coste no había llegado a los 20). Y Amenábar siguió creciendo en la primera línea del cine mundial con la emotiva «Mar adentro» (2004), que le valió el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, todo ello sin dejar de ser profeta en su tierra: con nada menos que 14 Goyas, «Mar adentro» se convirtió en la película más galardonada en la historia de los premios del cine español, superando los 13 cabezones que en 1991 había conseguido «¡Ay, Carmela!», de Carlos Saura.

Pero entonces llegó «Ágora» (2009), su apuesta más ambiciosa y a la vez más personal, una superproducción histórica con 50 millones de euros de presupuesto y una maravillosa Rachel Weisz como principal estrella del reparto en el papel de Hipatia de Alejandría, maestra, filósofa, matemática y astrónoma que fue salvajemente asesinada por integristas cristianos a principios del siglo V, convirtiéndose así para generaciones posteriores en un símbolo de la luz que representan la ciencia y el pensamiento frente a la oscuridad del fanatismo religioso. Ni siquiera el rotundo éxito comercial que tuvo la película en nuestro país fue suficiente para recuperar la enorme inversión debido a su fracaso internacional, consecuencia de haber encontrado cerradas las puertas del mercado clave, el del conservador y religioso Estados Unidos. Incluso la Iglesia Católica presionó en contra de «Ágora». Mil seiscientos años después, algunas cosas siguen sin cambiar.

Lothaire Bluteau y Emma Watson en Regresión

Fiel a sus ideas, Amenábar vuelve a cargar contra los males de la religión en «Regresión» y, como en una fría venganza, traslada precisamente de lugar y tiempo la acción. Si en «Ágora» viajábamos al Egipto de la Edad Antigua, los hechos en los que se inspira «Regresión» ocurrieron realmente en Estados Unidos a principios de los años 90. Una oleada de fenómenos relacionados con rituales satánicos recorrió la América rural, ese inacabable campo de cultivo para la superstición y la superchería, fruto del conservadurismo más rancio y pueril, provocando la histeria colectiva en una sociedad inmersa en la cultura del miedo. Los poderes religiosos y políticos han utilizado desde siempre el miedo como arma para sugestionar y controlar a las masas temerosas, pero el miedo está en la mente de las personas, y es ahí donde Amenábar dirige su mirada.

«Regresión» debía suponer así una reflexión sobre la lucha entre la razón y la fe, entre la ciencia y la religión, sobre cómo nace el miedo y cómo se convierte en una herramienta utilizada contra nosotros mismos. Pero su valentía se queda en sus principios, porque lo demás falla, porque la tercera película de Amenábar en inglés acaba siendo la menos autoral de todas, porque hay una distancia gigante entre lo que podría haber sido y lo que finalmente es: un aburrido telefilm con envoltorio de calidad.

Ethan Hawke y David Thewlis en Regresión

Sus responsables la definían como un thriller psicológico, pero la han vestido tímidamente de thriller de terror, de modo que «Regresión» deambula en una mezcla de géneros sin que la receta acabe de cuajar, en especial para un decepcionado público que en muchos casos se ha encontrado con un caso similar al de «El bosque» (nuevamente, M. Night Shyamalan, 2004), propuesta que en su día generó unas altas expectativas de terror cuando en realidad se trataba de un fabuloso cuento de misterio y fascinantes lecturas sociales, en cualquiera de los casos una grandísima película como no es de ninguna manera «Regresión». Asimismo, insistían también en la intención de buscar un tono de seriedad, sobriedad, credibilidad y ausencia de artificios, pero desde el principio la película cae en efectismos, sinsentidos, escenas ridículas y trampas argumentales. Y en ningún momento sucede lo imprevisible, que es el condimento esencial del que está hecha la tensión en cualquier película de suspense que se precie. Pero aún más a lamentar es que como entretenimiento funciona aún peor. Ni siquiera una gran sorpresa final debería justificar una hora y media de soporífero metraje previo, pero aquí no ocurre ni eso.

Muchas películas consiguen levantar el interés gracias a la labor de sus actores. No obstante, el detective Bruce Kenner seguramente no pasará a contarse entre los mejores personajes interpretados por un Ethan Hawke que vuelve a bordar el papel de Ethan Hawke. Con todo, resulta gracioso ver a nuestro querido y moderno Dorian Grey protagonizando una historia de tintes satánicos. Ahí lo dejamos. Por lo que respecta a ese ángel caído al que encarna Emma Watson, la desilusión es importante, puesto que su interpretación es tan llamativamente sosa y anodina que cuesta mucho creérsela. De todo el reparto, quienes sin duda destacan son el siempre carismático David Thewlis como el psicólogo Kenneth Raines y Devon Bostick en su indudable esfuerzo para dar vida al atormentado y absolutamente perdido padre de familia Roy Gray. A ellos sería injusto culparles de mayor responsabilidad en el fracaso artístico de «Regresión», ya que una de las principales carencias del guion es lo desdibujados que están sus personajes. Una pena, porque había un elenco competente.

Emma Watson y Ethan Hawke en Regresión

Que Amenábar era poco sutil a la hora de introducir la banda sonora en sus películas ya lo sabíamos, pero aceptábamos flauta como animal acústico. En «Regresión» ha vuelto a delegar esta parcela en otro compositor desde que tras «Mar adentro» dejara de encargarse él mismo de la música (la partitura de «Ágora», primera en la que cedió por completo la batuta, fue obra del gran Dario Marianelli). Esta vez le ha tocado la responsabilidad a Roque Baños, uno de los mejores compositores del cine español, y el resultado, aunque funcional, peca nuevamente de excesiva sonoridad en escenas que no requerían de un acompañamiento tan presente. Lo malo es cuando la historia avanza de manera errática e insustancial y el subrayado musical no hace sino evidenciar aún más las carencias del film.

En el equipo técnico vuelven a trabajar con Amenábar, principalmente, Fernando Bovaira en el apartado de producción, Sonia Grande en el vestuario y Jina Jay en el casting, pero el resto del equipo es distinto al de sus anteriores proyectos, principalmente Daniel Aranyó en la fotografía y Carolina Martínez Urbina y Geoff Ashenhurst en el montaje (la primera ya colaboró en «Ágora», pero no como editora principal). Ni uno es el maestro Javier Aguirresarobe (que ya había iluminado los planos de «Los otros» y «Mar adentro», dos películas en las que las luces y las sombras eran elementos absolutamente cruciales, sobre todo en el primer caso), ni la otra es Nacho Ruiz Capillas (ganador del Goya al Mejor Montaje por «Los otros» y nominado por «Ágora»), pero su trabajo es correcto. Bien.

Ethan Hawke en Regresión

Y en esa funcionalidad sin brillantez se queda «Regresión» a nivel técnico, la suficiente para resultar un producto con envoltorio de calidad moderada a cambio de un coste ajustado en una producción de presupuesto muy limitado (18 millones de dólares), más aún si se resta el caché de sus dos estrellas principales. Un producto, sí, pero no nos equivoquemos, éste es sin duda un paso adelante en el camino que necesita una parte de la industria cinematográfica española para hacerse competitiva a nivel internacional y para seguir formando a hornadas de profesionales que principalmente en el género fantástico han demostrado tener cabida en la primera división del cine mundial. Y si es con Amenábar, mejor.

Mientras tanto, podemos lamentarnos con razón por las oportunidades perdidas, porque esperábamos mucho más de una nueva propuesta del director, porque realmente nos apetecía indagar en la mente, en ese lugar donde nacen nuestros monstruos, porque nos apasionaba la idea de sumergirnos en la fuente de nuestros miedos y vislumbrar algo nuevo sobre esa increíble y aterradora capacidad del ser humano para crear no sólo sueños sino también pesadillas. Esta vez no ha sido así, pero no está de más seguir intentándolo porque el tema es fascinante.

Dale Dickey en Regresión

¿Es el miedo un comportamiento social o individual? Es decir, ¿es algo que aprendemos o que nos viene dado? ¿tememos aquello que nos dicen que debemos temer o surge el miedo de nuestro subconsciente más primario? Según la teoría del conductismo, sería lo primero; pero según la psicología profunda, se trataría de lo segundo. Poco aportan al debate las penosas escenas sobre regresiones que podemos ver aquí, pero la película se posiciona claramente en el sentido de que a pesar de la influencia negativa que puedan ejercer la familia, la Iglesia o los medios de comunicación, al final somos nosotros mismos quienes nos autosugestionamos. ¿Pero lo haríamos si no fuera precisamente por esa influencia? En este particular resulta clave la figura del personaje de Roy Gray, que representa a un individuo desorientado en el mar de una sociedad que le ahoga —en alcohol, en creencias, en dudas— y que sólo le deja una salida fácil: si lo dicen los demás, será verdad, ¿no?

A modo de conclusión, nos quedamos con una reflexión sobre otro tema estrechamente relacionado. Como decía Michael Moore a propósito de «Bowling for Columbine», la gente en Estados Unidos adquiere armas con la idea de defenderse de los delincuentes, pero «la mayor parte de los crímenes ocurren en las casas, entre marido y mujer, entre compañeros de trabajo». El verdadero peligro lo tenemos más cerca de lo que creemos.

Calificación: 5/10

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