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«Resistencia»: Los Bielski, príncipes de los judíos

Críticas

«Resistencia»: Los Bielski, príncipes de los judíos

En estos tiempos de Gaza, parece oportuno (o políticamente incorrecto) el que «Resistencia» y otras próximas películas ambientadas en la tan batida II Guerra Mundial presenten a un grupo judío abocado a una oposición violenta y animal contra las fuerzas nazis. Pero Edward Zwick no es criatura de dichos trotes, y su nuevo film confirma lo que ya podría obtener su propia denominación de origen: una fórmula, la fórmula Zwick, que hereda la tradición dramática de las epopeyas clásicas a la par que renueva viejos héroes, dejándose en el camino cualquier afán documentalista.

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La fórmula, lejos de campanear a muerto, supone un agradecido reencuentro con una narración que tiene por principal objetivo las tripas y las vísceras: Zwick mueve a sus personajes al derramamiento de sangre y a la explosión de corazones sensibles, en una línea soft, pero que se pretende más dura —los gélidos parajes, la nieve digital y el pétreo Daniel Craig—, del dilema que planteaba la muy estimable «Munich» (2005): lo que es justo en términos particulares frente a lo injustificable bajo raseros morales. Que la película arranque con una recreación audiovisual de los quebradizos celuloides de la época para derivar lentamente en una imagen pulcra y de alta definición confirma lo que Zwick nos da de beber en estas múltiples sequías que nos rodean: la fábula partidista de la que se ha destilado cualquier nota con sabor a tinta de periódico, actual o añejo.

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La historia se derrama a sí misma en un esquema antiguo y eficaz: los protagonistas experimentan un viaje que parte de lo más crudo del invierno y alcanza el esperanzador momento del deshielo. Sólo la honestidad de la fórmula hace traspirables gazapos comerciales tales como el que los personajes, escondidos en los bosques de Bielorrusia, hablen entre sí en inglés con acento ruso. Máxime ejemplo del irreal realismo del cine Zwick, cumplidor de las viejas reglas que permitían fantasear con unos hechos reales obligados a aceptar todas las consecuencias de su dramatización. Y, a pesar de ciertos tics inherentes —ingenuos paralelismos visuales, ralentís extenuantes y las ganas de que epate el score de James Newton Howard repitiendo uno de sus registros más alabados—, a la fórmula sólo le falta un logotipo en forma de mascota de confianza, porque no engaña.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Resistencia» © 2008 Grosvenor Park Productions y Bedford Park. Fotos por Karen Ballard. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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