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«Retorno a Hansala»: Viaje de ida y vuelta a la inmigración

Críticas

«Retorno a Hansala»: Viaje de ida y vuelta a la inmigración

En un entorno realista y con una factura semidocumental, la directora arma una ficción para contrastar dos modelos de vida. Honesta y de buenas intenciones, pero con cierto desequilibrio narrativo entre dos estilos no muy bien encajados.

No hay duda de que el cine de Chus Gutiérrez está realmente comprometido con el tema social, y especialmente con la inmigración. Lo habíamos visto en «Poniente» y ahora nos enseña la otra cara de la moneda en «Retorno a Hansala», con la particularidad de que aquí no sólo retrata la difícil situación de quien llega «sin papeles», sino que nos ofrece un viaje de ida y vuelta en el que todos salen ganando. Esa es la tesis de una película que apuesta por el mutuo enriquecimiento personal y la necesaria recuperación del rostro humano en cada uno de los que llegan en pateras. A Chus Gutiérrez le interesa resaltar los valores de acogida y hospitalidad, de sincera y noble amistad, de felicidad en medio de la pobreza en la que vive esa gente sin medios y casi analfabeta, para que después el espectador occidental les vea como una oportunidad para aprender, y no sólo como un problema de quien viene a quitarle trabajo o ser foco de conflictividad.

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En un entorno realista y con una factura semidocumental, la directora arma una trama de ficción para contrastar dos modelos de vida, si no opuestos sí claramente distintos, de forma que la historia de amor entre Martín y Leila viene no sólo a armonizar dos mundos distantes sino a cuestionar una sociedad del bienestar donde las necesidades materiales han dejado paso a otras de índole afectiva o existencial. De esta manera, el viaje de negocios que Martín emprende −es dueño de un tanatorio— con la joven a su pueblo para llevar el cadáver de su hermano se convertirá en una road movie interior para él. Su situación de crisis matrimonial necesita aire fresco, el móvil debe dejar paso al trato personal y directo para así volver a experimentar la nobleza y generosidad. Su complejo mundo interior debe simplificarse para llegar a la esencia de la vida y la felicidad, para ver que hay quien vive con otros esquemas y «se ayudan entre ellos», como escuchará al llegar a Hansala y comprobar cómo los vecinos dan dinero para pagarle la repatriación del muerto. La evolución es gradual y paulatina, y en esto es determinante la interpretación de José Luis García Pérez, de mirada serena y abierta al descubrimiento de una nueva realidad, olvidada pero ansiada en el fondo de su alma. En el caso de la protagonista femenina, Farah Hamed, se echa en falta una mayor dirección de actores tratándose de una debutante, a la vez que se sacrifica la expresividad y hondura al optar por cierta desdramatización y frialdad del personaje.

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Honesta y llena de las mejores intenciones, la cinta padece sin embargo cierto desequilibrio narrativo entre dos estilos no del todo bien encajados, avanzando un poco errática, sufriendo una pérdida de ritmo al llegar a Marruecos y decantarse por un tono más contemplativo —y paisajístico, tanto en lo humano como en lo geográfico—. En ese sentido, funciona mejor la parte documental en que la cámara nos lleva al poblado de Hansala, y la imagen respira verdad y frescura, con ausencia de artificio en la puesta en escena: es como si la directora y el resto de equipo se hubieran sentido subyugados por esas gentes —así lo manifestaron en la rueda de prensa de la Seminci, donde participó en su Sección Oficial—, y hubieran preferido presenciar sin manipular esa realidad sin contaminar. La historia de Martín en Algeciras y, especialmente, todo lo relacionado con su matrimonio, está menos conseguida. Ciertamente lo que interesa es la otra cara, pero si se hubiera desarrollado esta subtrama habríamos captado mejor su alma y su transformación.

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Buena fotografía para este esperanzado acercamiento a la inmigración, valiente apuesta por un cine humano que hace mejor al espectador y a la sociedad, como dijo el productor de la película durante la Seminci. Un drama interior y social que huye de los excesos y al que no faltan algunos toques de ternura y humor, elaborado a partir de una buena historia —algo previsible en su desarrollo— en la que el inmigrante es quien hace de guía para un protagonista que desconoce el terreno físico y emocional que le rodea.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Retorno a Hansala» – Copyright © 2008 Muac Films y Maestranza Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

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