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«Revolutionary Road»: Hermosos y malditos

Críticas

«Revolutionary Road»: Hermosos y malditos

Sam Mendes quería rodar «Revolutionary Road» a la manera bressoniana: ubicando la cámara en un punto estático que recogiese todos los acontecimientos del cuarto. Finalmente desechó la técnica europeísta, y el lenguaje clásico se impone tal vez como una herramienta natural, a modo de respuesta al cine de la decadencia dorada del Hollywood de los cincuenta, ése donde reinaban tabúes que hoy son temas de corrección política.

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«Lejos del cielo» (2002), de Todd Haynes, fue el más sonoro toque de tambor de una revolución que, desde el respeto de las formas preciosistas, empezó a cuestionar los fondos de aquella artificiosa utopía social, corriente que se ha extendido durante los últimos años en la gran y pequeña pantalla. Mendes se une a ella y «Revolutionary Road» recurre a la misma aridez del léxico de la novela de Richard Yates que adapta, mientras sortea cuanto puede el melodrama de sus referentes, acomodaticios con el viejo sistema, como «La última vez que vi París» (1954) —película que encarna lo que el director de «Jarhead» (2005) no quería para la suya y, también, lo que es: credenciales literarias de altura, el acre «Retorno a Babilonia» de F. Scott Fitzgerald, y el empleo de la capital gala como un ideal desmembrado por el pragmatismo—.

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Inútiles los temores de una comparación con «American Beauty» (1999), película-símbolo —los pétalos de rosa versionados hasta la saciedad o la narración de ultratumba extraída de «El crepúsculo de los dioses» (1950), hito de las películas-símbolo—, Mendes vuelve a introducir el pie allí donde ha flaqueado hasta ahora: en la pura película de género. Y sin privarse de una relectura de sí mismo —el blanquísimo clímax dramático como una versión minimalista del homónimo de «Camino a la perdición» (2002)—, y de aquellos iconos que funcionan como apelativos, ya sean las discusiones que podrían haber protagonizado Elizabeth Taylor y Richard Burton, o el conclusivo fundido a negro que una mente malévola habría maquinado como parodia de la laureada «No es país para viejos» (2007).

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El problema de «Revolutionary Road» es, valga la paradoja, el de una película a la que no pueden hallársele pegas: tan aséptica y funcional como la clase media que retrata, tiene calculado de antemano el reconocimiento del lector de la novela, del sector crítico afectado de nostalgia y de un público rendido a sus muchos y lustrosos ingredientes, de ahí la cierta hipocresía de conjunto: el de una denuncia gris que persigue polimórficos premios dorados, desde los excesivamente pulcros delantales de Kate Winslet hasta el leitmotiv compuesto por Thomas Newman. El Titanic oxidado sobre el césped del vecino que ya no es más verde, sino que amarillea: un producto perfecto para tiempos de crisis.

Calificación: 7/10

Imágenes de «Revolutionary Road» – Copyright © 2008 DreamWorks Pictures, BBC Films, Evamere Entertainment y Neal Street Production. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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