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«Rigor mortis»: 2442

Críticas

«Rigor mortis»: 2442

Juno Mak debuta tras las cámaras con un tributo a la tradición vampírica oriental tan envolvente y fascinante como complejo, un micromundo turbador e hipnótico no del gusto de la mayoría. 

Yau (Anthony Chan), actor de cierta relevancia en un pasado cercano, se muda a un bloque de edificios. Su habitación es la 2442, y tiene una trágica historia detrás. Veamos cómo lidia con ello. Juno Mak rinde tributo a la tradición vampírica oriental con «Rigor mortis», su ópera prima como cineasta. Se trata de una película exigente vista con nuestros ojos, como tantas otras hermanas de nacionalidad, por el desconocimiento ─o, cuando menos, conocimiento sólo parcial─ de los parámetros culturales, artísticos y esenciales en los que se basa. Eso sí, es compleja pero también es fascinante.

Anthony Chan en "Rigor mortis"

«No creo en esas cosas». Con un ritmo pausado y envolvente, el realizador, de la mano del guion de Lai-yin Leung y Philip Yun, nos sumerge en un microcosmos sobrenatural y turbador, lleno de secretos trágicos e infestado de miedo y un dolor no por crudo menos melancólico en cada uno de sus rincones. Aunque la narración se empantana progresivamente en su fusión de profundidades emocionales con elementos clásicos del fantaterror de ojos rasgados ─chupasangres, caza chupasangres, fantasmas, caza fantasmas, niños chungos, espectros contorsionistas, mohosas humedades─, la puesta en escena y el nivel de la producción es tan limpio y cortante que es imposible quedar al margen de la historia.

Hee Ching Paw en "Rigor mortis"

Drama de horror punzante, alegoría de la fusión fría del más acá, el más allá y los rincones por los que entre ambos mundos se cuela un limbo intermedio, «Rigor mortis» es tan pegajosa como el arroz que prepara el gerente del edificio (Richard Ng), tan lánguida y tristemente encantadora como la tía Mui (Hee Ching Paw) y tan desconcertante como la propia deriva existencial del personaje de Anthony Chan. Y en ese mixto de emociones encontradas, de caminos que se cruzan conociendo tan sólo a medias dónde desemboca cada uno ─y dónde confluyen todos─ nos abandonan a nuestra suerte. Ya te vale, Juno Mak. Y, al mismo tiempo, gracias.

Calificación: 7/10

Imágenes de «Rigor mortis» © 2013 Kudos Films. Todos los derechos reservados.

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