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«Robin Hood»: Exceso de ambición

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«Robin Hood»: Exceso de ambición

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Ridley Scott presenta con su habitual brillantez formal los acontecimientos que, supuestamente, ayudaron a forjar la leyenda de este héroe del pueblo. Pero las ambiciones del guión de Brian Helgeland se quedan tan sólo a medio camino.

Tras la muerte en combate de Ricardo I (Danny Huston), el trono inglés es ocupado por su hermano pequeño, Juan (Oscar Isaac), considerablemente menos dotado para el cargo. El azar quiere que la corona del caído sea entregada al nuevo monarca por Robin Longstride (Russell Crowe), un simple arquero que se hace pasar por noble. Tras más de una treintena de versiones cinematográficas, Ridley Scott se une a su fetiche interpretativo ─es su quinta colaboración juntos en la última década─ para ofrecer una visión de los acontecimientos que llevaron a “Robin Hood” a convertirse en la figura legendaria que todos conocemos y que constituye uno de los pilares fundamentales de la cultura popular británica. La sensación no es del todo satisfactoria, aunque agradecida en su riesgo.

Tras el insistente bombardeo promocional de la película como una suerte de reubicación de Maximus Decimus Meridius a principios del siglo XIII ─en su fondo épico, en su rudeza, en el desarrollo del carismático personaje central y su capacidad para empatizar con el palco─, el espectáculo choca frontalmente con la percepción real del espectador, que con todo se deja seducir por el estímulo de descubrir el hombre detrás del mito, la persona cotidiana, ajena a la búsqueda de glorias mayores que la de la integridad de los hombres frente a los abusos de poder; así, las circunstancias nos colocan junto a Longstride en el centro de un huracán fascinante de complots y sombríos juegos de poder en un mundo que aún no intuye la luz al final del oscuro túnel medieval. Un entorno tan interesante como desaprovechado desde un guión de Brian Helgeland que difumina y desdibuja personajes y situaciones, presa de una ambición excesiva y no concretada.

Ante una narrativa desestructurada y confusa ─teniendo en cuenta lo muchísimo que se pretende abarcar en el camino a la Carta Magna firmada en 1215─, pero amena en su desarrollo, lo mejor es olvidar rigores ─todo es recreado, no existen hechos totalmente seguros acerca de la existencia de Robin Hood─ y dejarse llevar por la tremebunda orquestación estética y visual de lo que, aún funcionando a medio gas ─la combinación humor/amor/acción/drama no siempre convence─, luce como un entretenido armatoste mainstream de contenidos sólidos tan sólo en apariencia. Brillante incluso en su suciedad (la maravillosa Cate Blanchett es el mejor ejemplo), ingenua en la búsqueda de resortes que justifiquen el veloz ascenso del icono a leyenda atemporal, la película logra sepultar sus imprecisiones hasta cierto punto, sabedora de que contará con el beneplácito inicial de un público inmenso que ocupará su butaca deseoso de emociones y magia en formato panorámico. Una ventaja impagable.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Robin Hood” © 2010 Universal Pictures, Imagine Entertainment, Relativity Media y Scott Free Productions. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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