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«Robin Hood»: Unidos por el espectáculo

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«Robin Hood»: Unidos por el espectáculo

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«Robin Hood» es un trabajo correcto y académico, convencional y resultón para la taquilla. Un Robin sin apenas progresión dramática, entregado a un aparatoso espectáculo de conspiraciones y mentiras a cargo de Ridley Scott.

Ridley Scott retoma la imagen épica que Russell Crowe nos dejó en «Gladiator (El gladiador)» para dar vida a Robin Hood, o quizá habría que decir a Robin Longstride… porque su cámara mira a los orígenes, al momento en que es uno de los arqueros del rey Ricardo que regresa de las Cruzadas y se encuentra una Inglaterra sumida casi en una guerra civil, acosada por el rey francés. No es aún el justiciero que roba a los ricos ni se ha enamorado de lady Marion, pero su mirada transmite una fuerte personalidad y una nobleza y dignidad que le harían merecedor del título de Sir. En «Robin Hood» el gladiador ha sustituido la espada —no siempre, porque también es diestro con el metal— por el arco y las flechas, y la arena del circo romano ha dejado paso al bosque de Sherwood… para asistir a la construcción del mismo mito que antaño: «no rendirse nunca hasta que los corderos se conviertan en leones» es el lema que irá conduciendo sus pasos mientras recupera la memoria… a lo largo de las más de dos horas que dura la cinta.

El director de «Blade Runner» (1982) ha demostrado con creces que sabe contar historias y dar espectacularidad a las imágenes, pero quedan lejos los tiempos en que hacía un cine de vanguardia y abría nuevos filones a los distintos géneros. En «Robin Hood» realiza un trabajo correcto y académico, convencional y resultón para la taquilla, con movimientos de cámara y panorámicas aéreas que elevan el personaje a la categoría de mito, con escenas de batallas muy bien rodadas y un montaje dinámico que atrapa y no suelta al espectador, con una planificación canónica y un diseño de producción muy cuidado que nos llevan a los tiempos medievales de conspiraciones cortesanas y pobreza popular. La historia avanza a buen ritmo y apenas se pierde en subtramas, pero abruma la persistencia de una música continua, resulta previsible en su desarrollo y no alcanza un clímax emocional ni dramático, el retrato de personajes se queda en sus acciones sin adentrarse en su interior, y la narración de los hechos se olvida de una elipsis que haría el metraje más razonable… si bien el realizador quería asegurar que la historia se siguiese bien, algo que sí consigue.

Asistimos al surgimiento de un héroe del pueblo que lucha por la libertad y los derechos fundamentales, de un líder capaz de aglutinar a reyezuelos recelosos o ambiciosos, de un hombre valiente y sincero con su rey aunque eso pueda costarle la cabeza… Es un proceso de construcción del mito en el que, sin embargo, apenas vislumbramos «momentos de conversión» que hagan verosímil la transformación de un arquero sin nombre ni pasado en un guía indiscutido de nobles y mendigos. No resulta convincente que los cabecillas le sigan, como tampoco lo es esa recuperación de su identidad a través de unos flashbacks con poca fuerza y menor sutilidad. No funciona la historia personal en que Robin corrige la imagen que tiene de su padre, y sólo ligeramente la de su naciente amor por Marian… con excesiva frialdad —siendo buenos sus trabajos—, y es que Cate Blanchett no se despega de la gelidez de Galadriel y Russell Crowe está más preocupado de encontrar su lugar en un mundo, muy distinto al que dejó para irse a Tierra Santa.

El Robin de Russell tiene poco del escepticismo y duda del caballero Antonius Block de Bergman (aunque Max Von Sydow vuelva con un gran papel), porque en él no se respira crisis… ni infantil (¡menudo trauma!) ni de guerra (palabras huecas las que le suelta a Ricardo Corazón de León… que no parecen haberle afectado). Por eso, sorprende su arrojo y entereza al no rendirse y volver a luchar por nuevos ideales… llámense «Inglaterra» o «Marian». No hay evolución convincente, y todo se queda en un aparatoso espectáculo de conspiraciones y mentiras, de emboscadas y desembarcos, de arengas por la libertad, pasiones y envidias de leyenda. Mucha acción para una historia política bien contada pero sin riesgos, que peca de anacronismos en sus enfoques y cede ante lo políticamente correcto, en la que al final los ingleses marchan unidos por un líder que les ofrecía justicia…. mientras los espectadores disfrutan de un espectáculo que entretiene —aunque no emociona—, quizá durante demasiado tiempo.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Robin Hood» – Copyright © 2010 Universal Pictures, Imagine Entertainment, Relativity Media y Scott Free Productions. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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