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«Rompedientes»: Soñar es bueno

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«Rompedientes»: Soñar es bueno

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Dwayne Johnson se afianza como estrella familiar al tiempo que se ríe de sí mismo enfundado en unas bonitas mallas celestes. Una comedia para disfrutar con los más pequeños de la casa, con un claro mensaje que invita a soñar.

Derek Thompson (Dwayne Johnson) es un rudo jugador de hockey sobre hielo cuya era de esplendor deportivo toca a su fin. Conocido como “Rompedientes” por su habilidad para hacer saltar los molares de sus rivales, comete un grave error al revelar a la hija de su novia, Carly (desmejorada Ashley Judd), que cuando a se le cae un diente es su madre la que coloca el dinero bajo su almohada. Las verdaderas Hadas de los Dientes, con Lily (Julie Andrews) a la cabeza, le impondrán un modélico castigo para demostrarle que la magia existe y que soñar es siempre positivo. La misma sinopsis aquí resumida relata de modo somero pero decisivo las bondades y virtudes de una película que subraya el estatus de estrella familiar del simpático Dwayne Johnson, que tras protagonizar “La montaña embrujada” y prestar su voz a la apuesta animada española más costosa de todos los tiempos, se mete en la piel de uno de los iconos más queridos por los niños de todo el mundo, el “Tooth Fairy” del título original, equivalente anglosajón de nuestro ratoncito Pérez.

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Johnson demuestra una sobrada capacidad para reírse de sí mismo, saltando de un plano a otro para dejar de ser un brutote en uno de los deportes favoritos de América y enfundarse unas prietas mallas celestes, que luce con la convicción y seriedad que le permite su papel. Entregado a hacer las delicias de los niños, el palco adulto agradece que la historia original de Jim Piddock disemine guiños a los mayores de la casa, reflejados principalmente en los papeles secundarios de grandes de la comedia yanqui como el impagable Billy Crystal, en lo que vendría a ser un Q para 007, suministrador de los más estrafalarios cachivaches dispuestos para que el improbable hado esquive los “peligros” derivados de su nuevo empleo; también pulula brevemente Seth McFarlane, que estira el gamberrismo intrínseco a su labor televisiva como traficante de materiales y mecanismos de dudosa efectividad. Y el alucinógeno Stephen Merchant es Tracy, que habrá de enseñar a Derek la rectitud con la que ejecutar su mágico desempeño…

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Así las cosas, dispersos elementos encontrará el espectador juicioso mientras sus retoños, objetivo absoluto de la propuesta, se dejan llevar por una historia desarrollada sin excesivas ataduras por el especialista Michael Lembeck, que transita por la comedia blanda en un metraje inevitablemente cansino a nuestros ojos pero efectivo en su justa medida. El mensaje nace del enfrentamiento entre el pragmatismo radical de la figura protagonista y la invitación a la fantasía púber que contempla en primera persona, choque de trenes de algodón entre Johnson y la encantadora Andrews del que brotan textos relativos a la importancia de la familia, del amor, del considerarse a sí mismo más allá del resto y de lo posible que es cumplir tus deseos con un poco de ahínco. Con un poco de azúcar, satisfechos tomarán los chavales la píldora que les dan. Plausible en su visión de conjunto, amable y perecedera en su formato, queda este “Rompedientes” como una invitación natural a una maratoniana sesión con el Santa Claus revisitado por Tim Allen en tres ocasiones, la última de ellas a las órdenes del propio Lembeck.

Calificación: 4/10

En las imágenes: Fotogramas de “Rompedientes” © 2009 Twentieth Century Fox, Walden Media, Mayhem Pictures y Blumhouse. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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