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«Ruby Sparks»: Chispas de (in)genio

Críticas

«Ruby Sparks»: Chispas de (in)genio

El romance indie involuciona hacia un estado más oscuro, maduro y visceral. Lo hace a partir de un relato en el que la magia desvela sus trampas y el amor se ennegrece, aunque Ruby Sparks no brille tanto como lo narra su enamorado.

Hace unos años, lo mejor que le podía ocurrir a una comedia romántica era ser seleccionada para el programa del Festival de Sundance. Desde hace unas cuantas temporadas, lo peor que puede pasarle a esa misma obra consiste en una calificación indie venida a menos desde el empuje de formatos antaño considerados más comerciales, soeces o vulgares. El hecho de que tanto público como crítica hayan elevado a la corriente de Nueva Comedia Americana con dosis de alta estima y consideración, no perjudica de por sí a la comedia indie, aunque sí supone para ella un examen hasta ahora más flojo, no aplicable tanto a sus fondos como a su decálogo estético. “Ruby Sparks” (ver tráiler y escenas) encarna a la perfección ese modelo de alumna, prototípicamente aventajada y brillante, que hoy provoca escépticos levantamientos de ceja.

Y quien recita la lección es, ni más ni menos, la nieta del cineasta Elia Kazan, una joven que debió enamorarse en su momento de la manic pixie dream girl llevada al extremo por Zooey Deschanel en “500 días juntos” (Marc Webb, 2009). Su Ruby y su guion, que ella misma ha escrito, pretenden chispear y deslumbrar como aquella Summer Finn que dejó al descubierto los estimulantes descosidos del romance indie y de un amor idílico e imposible entre el espectador y la fábula buenrollista. Quizá la dupla de directores Jonathan Dayton y Valerie Faris decidió que la puntilla negra de “Pequeña Miss Sunshine” (2006) fue lo mejor de su propuesta; quizá no son tiempos para entusiasmarse con amores fáciles en pantalla. El caso es que lo que se ofrece en principio como aventura mágica para Woody Allens imberbes que mojan la cama con J.D. Salinger y fotografías impresas de la Deschanel, hace evolucionar sus parámetros del montón hacia un tono desapacible que alcanza su colosal clímax en una escena cruel y ponzoñosa, imposible de prever ante la ligereza inicial.

Hasta entonces no falta cierto regodeo en un intelectualismo que juega a ser informal, y aspectos que dan mucha rabia como el burlesco paréntesis de personajes hippies, la reapertura de esperanzas infantiles que parecían haber quedado superadas, y el tremebundo esfuerzo de Zoe Kazan por resultar irresistible de un modo que sólo capta el protagonista. No obstante, hay aquí un potente trasfondo que convierte a Pigmalión en creador siempre insatisfecho, y, con ecos de «¡Olvídate de mí!» (Michel Gondry, 2004) para teenagers, a todo miembro de una pareja en constante juez de cómo es el otro, cómo desearía que fuera, y de qué manera su propias incoherencias quedan duplicadas para siempre en ese pulso entre la nada y la acción, el folio en blanco y el folio emborronado.

Calificación: 7/10


Imágenes de “Ruby Sparks”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2012 Fox Searchlight Pictures y Bona Fide. Todos los derechos reservados.

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