Síguenos

«Salvajes»: Istanlandia, California

Críticas

«Salvajes»: Istanlandia, California

«Salvajes» es una estupenda adaptación de la novela de Don Winslow. Aunque su locura es más controlada, el filme de Oliver Stone conserva la pasión e irreverencia del director, presentes en la fabulosa reinvención que hace del final original.

Leyendo la novela «Salvajes», de Don Winslow, uno no puede sorprenderse de que su adaptación fuera ofrecida directamente, vía Shane Salerno, al director Oliver Stone. Siempre sometido al examen de la polémica, siempre expuesto al ataque ideológico que inspiran sus apariciones públicas, Stone encontraría en el texto de Winslow todo aquello que ha inspirado su cine más controvertido: la naturaleza animal, depredadora del ser humano como trazo asumido para dibujar un mundo desquiciado, autodestructivo y febril; una cartografía de la imposibilidad del individuo de formar parte de una sociedad sin sabotearla —y sabotearse, de paso, a sí mismo—; una oportunidad para divertirse, de la manera más tarada posible, con un nuevo viaje cargado de épica nihilista y sangre a borbotones. El libro del autor de «El invierno de Frankie Machine» lo deja claro al rebautizar Afganistán como Istanlandia, ese lugar que funciona como origen del trauma, pero también del próspero negocio de sus protagonistas. Drogas y violencia extrema, como fundamentos de un mapa geopolítico, de un estado mental irreversible. Istanlandia, antes Vietnam. Ahora California.

«Salvajes» (ver tráiler y escenas), por tanto, era esa película esperada como renovación del talante provocador de un cineasta que, en sus últimos trabajos ha preferido decantarse por otras vías. Si el final de «Wall Street: El dinero nunca duerme» (2010) abrazaba un optimismo humanista de corte casi kitsch, la adaptación de la novela de Winslow se arma no tanto a través de sus frecuentes estallidos de violencia y sexo —que también—, sino en torno a la épica romántica que mueve su creíble, hermoso ménage a trois central. Tanto es así que Stone, en su único gran desvío respecto a la novela, replica su final poético para proponer el suyo propio mediante una desvergonzada coda —la mezquindad del personaje de John Travolta, la falsa victoria de las instituciones—. Y es esa reelaboración su mayor audacia, el atrevimiento de un autor que sigue sin rendir cuentas a nadie, pero que opta por una feliz traición en favor de sus amados salvajes. Una bellísima alternativa en la que el adjetivo titular adquiere su significado más silvestre, y el escenario se torna un antónimo de Istanlandia en el que suena una plácida versión del Here comes the sun.

En el camino hacia esa conclusión benigna, «Salvajes» se construye con seguridad entre lugares conocidos del cine de su director: personajes indómitos y viscerales —magnífica Salma Hayek en su papel de reina del cártel—, un montaje enérgico y desasosegado, escenas impregnadas de maneras operísticas —el secuestro de O. (Blake Lively) en el centro comercial— y otras tocadas de una socarronería casi enfermiza —sobre todo, aquellas en las que interviene un soberbio Benicio del Toro—. Quizá la conjunción de esos elementos habituales dé aquí como resultado una obra más controlada en su locura, más dada a levantar el pie del acelerador en ciertos momentos de su trayecto suicida. Pero en sus formas, evolucionadas y no tan brutales como a algunos les gustaría, pervive esa esencia absolutamente pasional por la que vale la pena seguir creyendo en un autor.

Calificación: 7/10


 

Imágenes de «Salvajes», película distribuida en España por Universal Pictures International Spain © 2012 Universal Pictures y Relativity Media. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Novedades destacadas

Subir