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“Scott Pilgrim contra el mundo”: Edgar Wright y los géneros infinitos

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“Scott Pilgrim contra el mundo”: Edgar Wright y los géneros infinitos

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Una fiel adaptación de los cómics de Bryan Lee O’Malley. Edgar Wright se mueve como pez en el agua entre el batiburrillo de géneros y de códigos visuales de formatos como el cómic o el videojuego. Excelente elección de actores.

“Zombies party” (2004) y “Arma fatal” (2007), las dos anteriores películas de Edgar Wright, ponían de relieve el talento principal del cineasta inglés: ambas suponían valiosísimos ejercicios de conspiración genérica, dispuestos a través de una caligrafía visual contundente —no podía ser de otra manera— y conjurada con debilidades pop. Los zombis de “Zombies party” eran pateados al son del Don’t stop me now de Queen, y los protagonistas de “Arma fatal” alcanzaban el clímax de esa suerte de policiaco de terror en un impepinable pasaje de monster movie sobre una maqueta de la ficcional villa de Sandford.

No resulta descabellado, pues, que Wright haya venido a fijarse, en su última incursión, en la saga de cómics de Bryan Lee O’Malley. La serie “Scott Pilgrim” ofrecía la posibilidad del batiburrillo de géneros (comedia teen [1] + artes marciales + screwball [2] post-adolescente), pero también la asunción de los códigos estéticos en mucho pertenecientes a la generación a la que retrata. El que se regocija en las viñetas de Pilgrim reconoce las delicias de “Sonic the Hedgehog” y de la serie “The legend of Zelda”, encuentra referencias a Luke Wilson y a los Smashing Pumpkins mientras se adentra en un universo particular que se apropia de las formas del manga. “Scott Pilgrim contra el mundo” es magníficamente fiel a todas esas premisas —demasiado fiel, en ocasiones— y va más allá: en un momento dado, la banda sonora versiona a coro uno de los temas más reconocibles del “The legend of Zelda: Ocarina of time”; en otro, Wright corrige y aumenta las batallas de bajos hasta literales monstruos sonoros; una escena cotidiana entre Pilgrim y su compañero de piso incorpora risas enlatadas y aplausos de sitcom (3) televisiva; y, en la más fina salida de tiesto, el autor constata que las versiones oscuras de los personajes de videojuegos también pueden ser tipos majos con los que quedar para tomar algo.

Cierto que hay virtudes que irremediablemente se pierden en la adaptación. La película de Wright no puede asumir la autoconsciencia creadora de los cómics de O’Malley, explícita en las referencias de los personajes del dibujante a las otras partes de la saga y, sobre todo, en la banda sonora que este sugería como su hoja de ruta cuando creaba / leía las aventuras de Scott Pilgrim (Plumtree, Tom Petty, The Replacements…). A cambio, el director alcanza notables logros en términos de plasticidad de la imagen y de puesta en escena —véase la escena en la que Pilgrim camina por una calle que dispone siete “x” a su alrededor— y se destaca sobremanera en la elección de los actores: cuesta imaginar mejores opciones que Michael Cera y Mary Elizabeth Winstead para ser Scott Pilgrim y Ramona Flowers, pero además uno no puede dejar de agradecer un estupendo Kieran Culkin como el compañero de piso gay, o un Jason Schwartzman como el supervillano cretino de la función.

Calificación: 7/10

(1) Comedia juvenil.
(2) Comedia de enredo.
(3) Comedia de situación.

En las imágenes: Fotogramas de “Scott Pilgrim contra el mundo” – Copyright © 2010 Universal Pictures, Big Talk Films y Marc Platt Productions. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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