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«Sexo en Nueva York 2»: Cine-escaparate

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«Sexo en Nueva York 2»: Cine-escaparate

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«Sexo en Nueva York 2» da el definitivo salto camp y se entrega a un sinfín de chascarrillos de brocha gorda, convirtiéndose en un escaparate de frivolidades y humor rancio en el que cualquier rastro de ingenio se ha diluido casi por completo.

El que es, de largo, el momento más emotivo, bello de «Sexo en Nueva York 2» no pertenece a «Sexo en Nueva York 2». En una escena en la que Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) y Mr. Big (Chris Noth) ven la televisión antes de dormir, este último zapea por varios canales hasta decidirse por uno en el que ponen «Sucedió una noche» (Frank Capra, 1934). La susodicha escena, claro, es la muy icónica del autostop: Claudette Colbert, harta de esperar, se acerca hasta el borde de la carretera y, ante la llegada de un coche, tira de su falda para descubrir su pierna ante las miradas atónitas de Clark Gable y del conductor, que para en seco. Bradshaw ironiza acerca de lo provocativo del gesto. Mr. Big le responde que, en los años 30, el gesto sí era provocativo.

Valga el pasaje para remarcar la pérdida del gesto original, la frescura de la provocación primera. Si alguna vez hubo mordacidad e  inteligencia, estas han desaparecido y dejado paso a la zafiedad y humor facilón. Si una vez «Sexo en Nueva York» significó radiografías libres, desinhibidas de la mujer contemporánea, hoy estas han dado paso a caricaturas de sí mismas. Esta secuela funciona como prolongación del mayúsculo éxito cinematográfico que le precede, pero sobre todo como escaparate indiscriminado en el que el glamour también es sinónimo de tosquedad. En definitiva, cine-escaparate, en el que una boda gay es la excusa para un repertorio de chistes rancios a propósito de la homosexualidad (por mucho que sus protagonistas presuman, en voz alta, de lo políticamente incorrectas que son), en el que se proclama el fervor por el turismo de hotel y pulsera y se pregona un concepto de orientalismo que haría sonrojar a Edward Said. Entre las muchas perlas que podríamos mentar, sobresale la de Louis Vuitton como marca que las mujeres árabes llevan bajo el chador, como redención (occidentalísima) de una cultura de cuyos horrores fuera del lujo nos han venido previniendo largo y tendido.

Por lo demás, «Sexo en Nueva York 2» funciona como perfecta pasarela de frivolidades en la que apenas quedan escombros de ingenio: resulta, cuanto menos, sorprendente, que sea una invitada Miley Cyrus la que ponga de relieve el conflicto particular que sostiene Samantha (Kim Cattrall) con su madurez; o gratificante comprobar que la solidez dramática y química entre Chris Noth y Sarah Jessica Parker sigue ahí. Pero más allá de logros aislados, de puntualísimos triunfos, domina la repetición de esquemas (boda-circo, crisis en las respectivas relaciones y consecuentes escapada y aprendizaje) y un agotador surtido de chascarrillos de brocha gorda que confirman el salto camp respecto a la primera entrega.

Calificación: 3/10

En las imágenes: Fotogramas de «Sexo en Nueva York 2» – Copyright © 2010 HBO Films, New Line Cinema y Village Roadshow Pictures. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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