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«Shame»: Poderosa adicción

Críticas

«Shame»: Poderosa adicción

«Shame» ofrece una gran interpretación de Michael Fassbender y un tratamiento serio de la adicción al sexo que huye de moralinas e imposturas. La ausencia del actor entre los nominados al Oscar® resta credibilidad a estos premios.

Michael Fassbender va por buen camino. No sólo por su cuidada elección de papeles, que le permiten demostrar su enorme calidad como actor, y por saber equilibrar lo artístico con una acertada concepción de lo comercial; también, en lo simbólico. Si Christian Bale resurgió como actor en «American Psycho» (Mary Harron, 2000) encarnando a un ejecutivo sin alma obligado a llenarla cometiendo horrorosos asesinatos, Fassbender hace lo mismo con lo que ya se ha convertido en una lacra, tal y como anda nuestra sociedad: la adicción al sexo.

«Shame» (ver tráiler y escenas) arranca con un tema musical de Harry Escott que parece una mezcla del mítico de Hans Zimmer para «La delgada línea roja» (Terrence Malick, 1998) y del arrasadoramente triste Jon Brion de «Magnolia» (Paul Thomas Anderson, 1999), y desde el principio puntúa un retrato más de la adicción, un tema recurrente en la historia del cine que ha propiciado algunas de sus mejores obras. También solía ser una vía para las nominaciones a los premios, pero curiosamente, en este caso, Fassbender se ha quedado fuera de unos Oscars® que han perdido credibilidad, al menos en el apartado interpretativo, desde que han desdeñado al Leonardo DiCaprio de «J. Edgar» (Clint Eastwood, 2011) y al Ryan Gosling de «Drive» (Nicolas Winding Refn, 2011). El sexo, tan presente en los mentideros de Hollywood, no interesa cuando se aborda en una gran pantalla. O al menos, cuando se hace con seriedad, huyendo de moralinas e imposturas.

Porque si algo consigue Steve McQueen es introducirse en la rutina de su protagonista sin juzgarle, sin concesiones. Uno difícilmente sentirá simpatía por él, porque asiste impotente a cómo deja escapar entre los dedos la posibilidad de enderezar sus pasos vacíos, presa de la necesidad de insuflarse una falsa intensidad como única vía para construir un simulacro de vida. Y como tantos adictos, él también quiere dejarlo, y tira en un ataque repentino toda su colección de revistas, sus juguetes sexuales o su portátil lleno de pornografía.

Pero son sólo momentos. Y no importa que algunos recursos para definir al personaje —su impersonal piso sin un solo adorno, retrato de un hombre sin referentes emocionales— sean un tanto fáciles, porque es el rostro de Fassbender el que nos deja entrever el infierno interior de un hombre atrapado por unos impulsos que sólo es capaz de seguir, y que hacen que sus sonrisas tengan más de máscara estereotipada que otra cosa. Junto a él, su hermana no menos desangelada, una estupenda Carey Mulligan que borda siempre los papeles de chica a proteger, y cuyo personaje debe trampear cada día para conseguir una mínima razón para levantarse a la mañana siguiente.

McQueen retrata la rutina de un aparente triunfador, una condición que, en realidad, apenas tiene importancia: al fin y al cabo, no llegamos a saber nada sobre la empresa del personaje de Fassbender, quizá como símbolo de que muchos trabajos actuales difícilmente sirven para construir una personalidad, pues sus resultados ni siquiera son palpables para dar la satisfacción de lo bien hecho. No obstante, entre la sordidez puede asomar un atisbo de rara belleza, como el echar a correr a horas intempestivas por el corazón de Nueva York, la gran ciudad que acoge en su seno todas las actitudes, todas las ansias, todas las ambiciones. Una ciudad que, sin embargo, puede ser cualquier otra. Y es que, si indagáramos en las cabezas de nuestros compañeros de viaje en un vagón de metro, sentiríamos a buen seguro cómo se resquebraja el suelo bajo nuestros pies.

Calificación: 8/10


Imágenes de “Shame”, película distribuida en España por Alta Classics © 2011 See Saw Films, Film4, UK Film Council, Alliance Films, Lipsync Productions y Hanway Films. Todos los derechos reservados.

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