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«Sherlock Holmes: Juego de sombras». Artillería pesada

Críticas

«Sherlock Holmes: Juego de sombras». Artillería pesada

Una secuela más grande, más espectacular, más divertida y más oscura. «Sherlock Holmes: Juego de sombras» se decanta por la acción indiscriminada, para detrimento de una narración más esquemática y menos dada a las sorpresas.

Como personaje fundamental de la cultura popular occidental, Sherlock Holmes ha experimentado, para sobrevivir a los tiempos, todo tipo de mutaciones que lo han llevado desde las adaptaciones más anquilosadas o el producto Hammer a una necesaria modernización para los espectadores del nuevo siglo. Cabría atribuir esa actualización última a «Sherlock» (2010-) adaptación de la BBC carismáticamente protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, mientras que la operación que llevó a cabo Guy Ritchie, seguidor confeso del Canon, con «Sherlock Holmes»  (2009), se presumía como énfasis del lado más aventurero del detective asesor, el subrayado del perfil de un héroe de acción que en esencia siempre estuvo ahí, pero que quedó enterrado bajo horas y horas de corrección estática y parámetros poco flexibles.

«Sherlock Holmes: Juego de sombras» (ver tráiler) viene a confirmar aquella declaración de intenciones para aplicar un corregido y aumentado que parece seguir las normas de toda buena secuela enclavada en el mainstream: más grande, más espectacular, más divertida y, si cabe, más oscura. En lo último, la presencia del profesor James Moriarty —contenido, medidamente maligno Jared Harris— es tanto una ocasión para recuperar referentes holmesianos —la idea de Moriarty como pieza decisiva del conflicto europeo, ya presente, por ejemplo, en «El arma secreta» (Roy William Neill, 1943); la inclusión de Mycroft Holmes (Stephen Fry)— como una excusa perfecta para virar hacia territorios más tenebrosos en el cine de Ritchie. Es allí donde la estética steampunk se acerca definitivamente a Alan Moore y propone un escenario abiertamente bélico, un ensayo de Guerra Mundial que es contexto inoportuno para contemplar la evolución del bromance entre Holmes (Robert Downey Jr.) y Watson (Jude Law), mientras el prescindible personaje de Noomi Rapace pulula sin más justificación que la de cualquier mecanismo menor de la trama conspiratoria.

Que esta segunda parte se decante por un modelo más hardcore de acción, propicia irremediables conflictos entre apocalípticos e integrados del personaje. Ritchie sigue ateniéndose a determinados modelos y guiños del Canon —el aficionado agradecerá la inclusión del enfrentamiento entre Moriarty y Holmes en las cataratas de Reichenbach de «The final problem», con sus consiguientes connotaciones—, pero sustituye el placer y la virulencia del giro narrativo —de nuevo, recurrir a «Sherlock»— por un rabioso crescendo en el que despliega toda su artillería pesada hasta alcanzar una desconcertante contraposición como clímax: la paroxística, desmesurada secuencia de la huida a través del bosque, con su memorable uso del bullet time, frente al juego mental de la anticipación que, por partida doble, devuelve al intelecto y al método deductivo a la categoría de primera herramienta épica de los personajes creados por Arthur Conan Doyle.

Calificación: 6/10


Imágenes de «Sherlock Holmes: Juego de sombras», película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2011 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures y Wigram Productions. Todos los derechos reservados.

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