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«Shrek, felices para siempre»: Volver a enamorarse

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«Shrek, felices para siempre»: Volver a enamorarse

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Un episodio final capriano, en que lo convencional le gana terreno a la sorpresa y con un discurso que proclama el amor como llave para el rescate de cualquier esclavitud, y de lo cotidiano como lugar para la auténtica felicidad.

No hay nada como poder mirar atrás para recuperar las esencias y revivir los momentos felices. Y también para convencerse de que el amor lo puede hacer todo nuevo… e incluso convertir las más terribles pesadillas de brujas en dulces sueños de hadas buenas y hermosas princesas. Así debió pensar el ogro más famoso del cine cuando Dreamworks decidió darle una segunda oportunidad para conquistar el amor verdadero de Fiona, después de arrebatarle de su idílica ciénaga y transportarle al reino de Rumpelstiltskin. Fue una mala noche en la que descubrió lo que había tenido o lo que nunca llegó a tener… porque no nació, porque no estuvo allí para rescatar a su amada del dragón, porque un día se puso nostálgico y quiso volver a ser un ogro fiero y solitario.

En «Shrek, felices para siempre», Mike Mitchell hace de Frank Capra para decirnos «¡Qué bello es vivir!” (1946) y para que caigamos en la cuenta de lo importante que es cada vida o los amigos: Shrek se ha aburguesado y se encuentra perdido en la monotonía diaria, tiene su momento de crisis y clama por sus fueros perdidos, para terminar vendiendo su alma al mismo diablo a cambio de poder asustar a quien se tercie y hacer lo que le venga en gana. Sorpresa mayúscula será descubrir un nuevo Pottersville en que Fiona no será una tímida bibliotecaria asustadiza sino el líder de la resistencia revolucionaria frente al tirano Rumpelstiltskin, y donde él no es el único ogro, sino uno más y sin amigos. Pero quien lo consiguió una vez, ¿por qué no puede lograrlo de nuevo? Y ahí comienza su nueva misión, que viene a ser una repetición de la anterior… pues debe volver a romper el hechizo con un beso de amor verdadero de Fiona.

Esta segunda hazaña resultará un largo flashback en forma de pesadilla moral, con personajes como Pinocho que aspiran a alcanzar humanidad y otros que tratan de lograr una libertad a lo «Braveheart» (Mel Gibson, 1995), junto a un curioso flautista de Hamelin —un mero recurso narrativo sin apenas desarrollo— y a un ambicioso y malvado Rumpelstiltskin que encarna todos los antivalores, pero que resulta un acierto para galvanizar la historia. Es una lucha contra el destino… para llegar al mismo puerto por distinto camino, en un ejercicio de libertad y del triunfo de los buenos sentimientos. Shrek ha aprendido la lección y con él todos los espectadores, reafirmando el discurso del amor como llave para el rescate de cualquier esclavitud, y de lo cotidiano como lugar para la auténtica felicidad: de hecho, el propio Shrek le dirá a Fiona que esta vez es él quien ha sido rescatado, encerrado en la rutina diaria como estaba.

Lo que comenzó como animación desenfadada y algo provocativa en la primera entrega ha cedido ante la necesidad de un final feliz que deje buen sabor de boca a un espectador fiel: aquí lo convencional ha ganado la partida a la sorpresa, aunque se logren algunos golpes de humor como ese gato blando y glotón que en un despiste se acaba comiendo al soldadito de galleta, el involuntario bailoteo de unas brujas un tanto achacosas, momentos placenteros como cuando vemos al liberado Shrek que vuelve a sentirse ogro al son de Carpenters y su Top Of The World —el resto de temas musicales están también muy bien escogidos— o el inmediatamente anterior en que la actividad anodina de la ciénaga se refleja en un rostro de pasa de la felicidad a la añoranza y la ira.

Las 3D dan cierta espectacularidad a algunas escenas, pero no demasiado… y cada vez resulta más un artificio que una solución para el cine. En este caso le salva un guión bien construido narrativamente y con buen ritmo, aunque los personajes no escapen al dibujo más complaciente, arquetípico y de reacciones previsibles. De esta manera, el ogro verde y su amada princesa nos dicen adiós reviviendo una historia de amor verdadero, porque a él no se le privó de nacer y porque ella siempre soñó con una familia a la que cuidar. Una historia donde volver a enamorarse hace que la historia se repita y se superen engaños, chantajes y encarcelamientos… por siempre jamás.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Shrek, felices para siempre” – Copyright © 2010 DreamWorks Animation. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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