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«Shutter Island»: En el laberinto de la culpa

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«Shutter Island»: En el laberinto de la culpa

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«Shutter Island» tiene un guión barroco y complicado, como el laberinto de las mentes desquiciadas de sus protagonistas. Entretenimiento y suspense asegurados para una historia de culpa y locura con un gran DiCaprio.

Nos vamos a los años cincuenta americanos para revivir el drama de un veterano de guerra, y también el tormento de un hombre que ha perdido a su mujer. Por la escena de «Shutter Island», Martin Scorsese hace aparecer fantasmas interiores y exteriores en un entorno de misterio donde el protagonista vive aislado, solo con su pasado y en lucha con su conciencia, en continua tensión por lo que considera una conspiración política de altos vuelos. Él, Teddy Daniels, es un agente judicial que llega al psiquiátrico para criminales de Shutter Island con la misión de encontrar a una paciente que se ha fugado, pero tiene otros objetivos personales, entre la venganza y la búsqueda de la verdad. Miradas inquietantes y ambiguas de enfermos y del personal del centro, un recibimiento frío y una situación enigmática en torno a la mencionada desaparición, una guerra de escuelas psiquiátricas, los nazis en la recámara y unas cuantas historias clínicas de lo más espeluznantes.

Y todo lo anterior con una música que carga el opresivo ambiente de tensión creciente —aunque quizá de manera excesivamente incisiva—, con efectos de sonido de tormentas apocalípticas que nos introducen en el mundo irracional de unas mentes dañadas, con una planificación dramática de fuertes contrapicados y claroscuros góticos, con una puesta en escena llena de interrogantes y misterios… salpicada a su vez por secuencias oníricas o breves flashbacks de difícil interpretación. Desde el inicio, Scorsese juega sus cartas y lo hace bien, guardando más de una en la manga para acabar obligando al espectador a cuestionar las apariencias, para dudar de unos y otros… y hasta de uno mismo.

Construye un guión barroco y complicado como el laberinto de esas mentes desquiciadas, pero su precisión hace que se siga bien y que todo cobre sentido —y a la vez que nada cuadre— al final de la película. El espectador no se pierde en la historia, pero exige atención porque todos los detalles tienen una o varias explicaciones posibles. Fundamentalmente porque estamos ante una cinta que oculta el punto de vista con que se nos narra la historia, y eso obliga a repetidas relecturas para cambiar de lado según la última información. Lo que comienza con visos de objetividad, gradualmente va derivando hacia la duda y lo irreal… y llega un momento en que no sabemos qué es verdad y qué invención: la realidad ha sido tan manipulada por el montaje cinematográfico, o por los poderes establecidos en su intento por controlar al pueblo, o por la inteligencia de una mente trastornada por el peso de la culpa… que todo es posible.

Lo que sí queda claro es la doble manera de plantearse la vida, y frente al comentario de uno de los policías que todo lo reduce a violencia, Teddy responde con un orden moral que guía sus actos. Es la misma conciencia que le culpa de asesinatos de guerra y de otros por compasión, que le recrimina con un pasado del que no acaba de liberarse y que se presenta una y otra vez de manera dolorosa. A la vez tenemos esos experimentos médicos sin principios éticos, al servicio del poder corrupto y con el totalitarismo en el horizonte. «Shutter Island» es una de esas películas en las que uno no sabe si quedarse con la versión real o la imaginaria, la crítica sociopolítica o la vertiente antropológica. En cualquier caso, resulta impactante en el aspecto visual, con transformaciones de personalidad y de una realidad sin lógica que recuerdan a David Lynch —la imagen onírica de la mujer que «se deshace» es inolvidable—, con escenas en que el espíritu de Hitchcock se pasea por el acantilado o entre los pájaros convertidos en ratas, y también con el cine de serie B de los cincuenta de Tourner y Val Lewton.

Para esta tremenda historia de personajes bien dibujados en su indefinición, Scorsese ha recurrido a Leonardo DiCaprio, que vuelve a demostrar que es un gran actor y que sabe imprimir hondura dramática y psicológica a su oscuro papel. Bien secundado por actores de lujo, Mark Ruffalo, Ben Kingsley o Max von Sydow —todos un acierto de casting— aportan la ambigüedad de la mirada, mientras que Emily Mortimer, Patricia Clarkson o la joven Michelle Williams dan réplica a los «fantasmas» de su vida. Entretenimiento, suspense e intriga aseguradas para una historia de culpa y locura, donde la violencia y el dolor han oscurecido la mente y transformado la realidad, y donde la desconfianza y la sospecha se convierten en signos de una sociedad que ha apagado el faro de la verdad.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «Shutter Island» – Copyright © 2009 Paramount Pictures, Phoenix Pictures, Sikelia Productions y Appian Way. Distribuida en España por Vértice Cine. Todos los derechos reservados.

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