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«Sicko»: La salud del documental

Críticas

«Sicko»: La salud del documental

En «Sicko» le toca al espectador aceptar o no las reglas de Moore, convertirse a su causa o negarse a ser cómplice de una denuncia que nunca pretendió la objetividad seguramente inalcanzable, pero aquí considerada innecesaria.

Nueva muestra del cine de Michael Moore, ese documentalista que no es tal, ese reivindicador que sabe de las armas que le brinda la cámara para apoyar sus tesis, ese cineasta que ha hecho de sus películas un género per se. Lo que «Sicko» nos da nos lo dieron antes «Bowling for Columbine» y «Fahrenheit 9/11», pero con más explicitud si cabe: la construcción visual y argumentada de un discurso abiertamente parcial, abiertamente apelativo a una reivindicación. Es decir, para Moore el fin sí justifica los medios, y la denuncia del sistema sanitario es imperativa, sean cuales sean los resortes que la permitan. Poco importa si el montaje ideológico se impone en pos de lograr la ridiculización del «terror rojo», si este da con dramatizadas escenas de niños llorando la marcha de su padre a Iraq o si un primer plano hurga sin muchos escrúpulos en el dolor de una víctima de las (indudables) deficiencias de dicho modelo sanitario.

Lo que no se le puede negar a Moore es su sentido del humor, omnipresente como otro de sus instrumentos más efectivos. En «Sicko» este humor va más allá de la utilización de las imágenes, que aligeran los que podrían ser los pasajes más plomizos del documental (el listado de enfermedades o afecciones que impiden acceder al seguro médico, presentado en títulos à la «Star Wars»): el director toma el protagonismo de la cinta como incrédulo (y en ocasiones increíble) investigador de casos particulares, ya sea de compatriotas que han sufrido las consecuencias de una sanidad no universal o de aquellos que emigraron a otros sistemas más comprensivos con las necesidades del paciente, caso de Francia o Canadá. El debate que pueda surgir de dichas comparaciones, sin embargo, resulta poco prometedor desde el momento en que se polarizan las virtudes de los mismos frente a los defectos del estadounidense: un optimismo excesivo dibuja a los franceses como privilegiados que incluso verán su colada hecha gracias al sistema que les cobija, mientras desamparados enfermos norteamericanos no tendrán más remedio que esperar en sus casas y morir.

Al final, todo recae en la predisposición con la que nos acerquemos a «Sicko». Al espectador le corresponde aceptar o no sus reglas, convertirse a su causa o negarse a ser cómplice de una denuncia que nunca pretendió la objetividad seguramente inalcanzable, pero aquí considerada del todo innecesaria. Tan innecesaria como debiera ser el inaudito ejercicio de autocomplacencia del realizador al proclamarse como el buen samaritano que acude al rescate de su peor enemigo. Pero tal insolencia entra dentro de su juego, y en este todo vale para convencernos de un discurso no por manipulativo menos necesario en su denuncia. En este sentido, su película lleva de nuevo a plantearnos dónde empieza y acaba la legitimación del género como herramienta de activismos. A preguntarse, a través de realidades empleadas a conveniencia, cuál es el verdadero estado de salud del género documental. El de Moore, desde luego, sigue en plena forma.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Sicko» – Copyright © 2007 The Weinstein Company y Dog Eat Dog Films. Distribuida en España por Wide Pictures y Baditri. Todos los derechos reservados.

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