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«Siempre a mi lado (Charlie St. Cloud)»: Olvídame

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«Siempre a mi lado (Charlie St. Cloud)»: Olvídame

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Una producción muy, muy pobre a todos los niveles, cine escaparate destinado único y exclusivamente al lucimiento de un Zac Efron con poco que ofrecer. Para llorar, y no precisamente por lo que propone la historia.

En los momentos inmediatamente posteriores a un trágico accidente, Charlie (Zac Efron) promete a su hermano Sam (Charlie Tahan) que nunca le abandonará. Cinco años más tarde siguen juntos, jugando alegremente. El problema es que Sam está muerto. Tan traumática premisa central subraya la pauta impuesta en Hollywood para que sus más potentes estrellas teen demuestren su talento más allá de los personajes que les han convertido en ornamento de carpetas adolescentes; así, Robert Pattinson y Miley Cyrus ya han sufrido de lo lindo para demostrar que tienen algo que ofrecer por encima de Edward Cullen y Hannah Montana, respectivamente. Y ahora, su contemporáneo Zac Efron se sube al carro del purgatorio cinematográfico con “Siempre a mi lado (Charlie St. Cloud)”, con un resultado tan sorprendente como lúgubre en su total, absoluta y delirante ausencia de valores artísticos.

Perfectamente integrada en el subgénero dramático basado en la acumulación constante de desgracias y excesos superlativos, la película logra un imposible: no despertar la más mínima emoción ─ni hacia la lágrima buscada ni hacia la carcajada no pretendida─ en lo que no tarda en revelarse como uno de los más flagrantes casos de ineptitud fílmica de este grisáceo 2010. El director Burr Steers no atina en modo alguno a la hora de proponer un continuo de situaciones demenciales rodado como si se tratase de un proceso de casting en lugar de un producto final, sin encontrar apoyo en un Efron perfecto, bello ─más aún arropado por una fotografía de Enrique Chediak que con todo no logra disfrazar un sonrojante abuso de cromas─, que provocará el frenesí de sus fans, claro, pero cuyo nivel interpretativo llena de matices el recuerdo de su seminal Troy Bolton.

Así las cosas, en una plétora insostenible de dolor y más dolor, de esquizofrenia y alucinaciones paranoides, la pavorosa inclusión de elementos fantásticos remata la jarana afectiva, sublimando el ya de por sí rancio sadismo morboso que destila el guión de Craig Pearce y Lewis Colick ─desconoce quien esto firma las virtudes de la novela “The death and life of Charlie St. Cloud”, de Ben Sherwood, en que se basa este gasto inútil de celuloide─, que vaga entre fantasmas, cementerios, cañonazos y barcos hundidos para cantar un mensaje tan evidente como desaborido: los que se van, siempre estarán; los que se quedan, se van un poco con ellos. Aquí paz y después gloria, pensarán Ray Liotta, Kim Basinger o Donal Logue, cuyas fugaces apariciones habrán garantizado a buen seguro un empujón a sus ya de por sí lustrosas cuentas corrientes. El público, quizá, no sea tan condescendiente.

Calificación:
1/10

En las imágenes: Fotogramas de “Siempre a mi lado (Charlie St. Cloud)” © 2010 Universal Pictures, Relativity Media y Marc Platt Productions. Fotos por Diyah Pera. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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