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«Siempre hay tiempo (Héctor y Bruno)»: Tres maneras de aislarse en la soledad

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«Siempre hay tiempo (Héctor y Bruno)»: Tres maneras de aislarse en la soledad

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«Siempre hay tiempo (Héctor y Bruno)» es una película llena de buenas intenciones pero en la que el guión avanza sin ritmo, con demasiada carga y pretensión. Excesiva problemática en el planteamiento para una resolución rápida e inverosímil.

Un pueblo vasco se ve amenazado por la vida moderna y sus infraestructuras, mientras su último lugareño ya no aguanta tanta soledad y decide visitar a un hijo único del que se distanció hace años. Héctor es ese anciano viudo que hace su particular viaje al sur, en busca de una segunda oportunidad y de restañar viejas heridas familiares. Tozudez del padre y rencor del hijo que se han transmitido a la tercera generación en forma de miedo, enfermedades del alma que sólo se curan con un poco de amor y de perdón, porque siempre hay tiempo para ellos. Esta historia familiar y generacional nos recuerda a «La Caja de Pandora» (Yesim Ustaoglu, 2008) porque también aquí se respira soledad y necesidad de afecto, nostalgia de la naturaleza y pérdida de un ser querido, desavenencias conyugales y sintonía abuelo-a/nieto… aunque transitando por lugares más comunes y con una puesta en escena de menor vigor narrativo y dramático.

En «Siempre hay tiempo (Héctor y Bruno)» su directora se llena de buenas intenciones y va enriqueciendo la trama familiar con tantos problemas o situaciones de la sociedad actual… que el guión avanza sin ritmo, con demasiada carga y pretensión, y el espectador asiste al bullying escolar y a la desatención paternal, al divorcio y a la homosexualidad, al abuso político y al laboral… esperando cansinamente el desarrollo de cada una de las relaciones. Excesiva problemática en el planteamiento para una resolución rápida e inverosímil, porque tantos años de indiferencia y tanto tirarse los trastos a la cabeza en el reencuentro no se resuelven con esa ligereza. Un cierre complaciente para una historia que no alberga sorpresas y que carece de puntos de intensidad dramática o emocional, aunque existen algunos instantes que apuntan a la fibra sentimental y otros que consiguen transmitir esa triple manera de aislarse en la soledad… ya sea desde la tozudez en el dolor por la esposa muerta, desde el rencor hacia el padre que se dejó absorber por el trabajo, o desde el miedo que permite el acoso.

Funciona mejor la historia de amor en la tercera edad que la paterno-filial, porque esa soledad en silencio de Héctor y su progresiva apertura a la vitalidad que insufla Clara tienen mayor fuerza y tirón. Bien realizada está la caracterización de ese buen hombre, testarudo y noble, directo hasta ser apodado express, con una sentida interpretación de un Txema Blasco que deja ver el dolor por un pasado difícil y también el deseo de no volver a perder lo que le queda de familia… o de aumentarla. Sin embargo, más forzado resulta el personaje del hijo que interpreta Sergi Calleja, mientras el de Bruno respira la autenticidad del joven del siglo XXI… si bien con todos los tópicos posibles. Porque la película está llena de ellos, y eso hace que todo suene a artificioso, que se vea desde la distancia y que el espectador no llegue a creerse lo que sucede en esa familia, ni cuando se distanció ni cuando se recompuso. Ana Rosa Diego se esfuerza y arranca algunos bellos momentos, como ese en el que dos almas experimentadas cantan su felicidad bajo la lluvia que les empapa y les hace sentirse jóvenes, aunque choca y desentona el toque mágico de la escena respecto al realismo pretendido del resto.

La película no provoca excesivos rechazos porque se mantiene en la línea de la corrección, pero tampoco desata fuertes adhesiones porque avanza con las riendas bien sujetas, y eso le quita vitalidad y frescura. Puede gustar a un espectador maduro, pero difícilmente a un público joven al que le resultaría demasiado premiosa y temáticamente poco afín. Irregular y más bienintencionada que lograda, la directora siempre tendrá tiempo para profundizar en la triple soledad de quien se aísla en su propio mundo interior.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Siempre hay tiempo (Héctor y Bruno)” – Copyright © 2009 Letra M Producciones y Basque Films. Distribuida en España por Festival Films. Todos los derechos reservados.

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