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«Skyfall»: El principio de resurrección

Críticas

«Skyfall»: El principio de resurrección

«Skyfall» es una de las mejores películas de la saga James Bond. Un combo de acción de excelente factura, discurso que profundiza en la crisis del personaje y su mundo, y humor a costa del héroe caído en su viaje hacia la resurrección.

Como eminente icono de la cultura pop, el recorrido que James Bond ha llevado a cabo desde que Ian Fleming lo hiciera protagonista de su novela «Casino Royale» hasta hoy, ha supuesto un trayecto mutante en el que las formas de esa cultura han modelado una figura llamada a ser encarnación de hedonistas fantasías masculinas. Más de medio siglo de acumulación de trazos hacia una identidad más consolidada en la estética en torno al personaje que en su fondo de armario emocional, conjugada desde las novelas de Fleming, pero también en las tiras cómicas de Anthony Hern y John McLusky y, por supuesto, en las adaptaciones cinematográficas que acabarían excediendo en número e imaginación a las obras escritas que tomaban como referencia.

Tal proceso ha derivado, inevitablemente, en una volatilidad de esa identidad que resulta en el perpetuo debate popular sobre quién es en realidad James Bond, cuando en realidad sería casi imposible establecer un arquetipo a través de las innumerables fuentes que le han dado forma. Como las sagas más longevas, la del agente 007 ha tenido que mudar de piel —literalmente, en los actores que le daban vida en el cine— para sobrevivir al signo de los tiempos. Es un ejercicio de reinvención no periódica, el principio de resurrección que obliga a revitalizar al personaje cuando se precipita hacia el ostracismo. «Skyfall» (ver tráiler y escenas), película número 23 de la franquicia, es la constatación del renacimiento que supuso la llegada de Daniel Craig al papel en «Casino Royale» (Martin Campbell, 2006), continuada en desigual díptico con la menos interesante «Quantum of solace» (Marc Forster, 2008). El nuevo rumbo de James Bond, que retomaba rasgos del de los textos de Fleming al tiempo que ponía el acento en la épica romántica, corrió serio peligro cuando los problemas financieros de la MGM amenazaron con dar al traste esta tercera incursión de Craig, cuyo parto duro y prolongado podría traducirse, en sí mismo, en otra expresión del acto de resurrección que también constituye su genoma como obra.

Porque «Skyfall» es la película Bond que se reafirma más abiertamente en la necesidad de una figura que debe resurgir de sus cenizas y hacerlo, tras severa crisis, volviendo a unas raíces a menudo sospechadas, pero nunca confirmadas. Ese viaje que toma como punto de partida Estambul y culmina en los Highlands escoceses da pie a la quizá más intimista de las incursiones del agente, un estudio en profundidad que se remonta a sus raíces mientras reivindica el derecho a lo lúdico y se despoja con autoconsciente ironía de elementos obsoletos de la saga —la referencia de Q al bolígrafo explosivo—. Es decir, un nuevo comienzo que toma como punto de partida el desencriptado de su protagonista para definir relevos con visos definitivos en su microcosmos. Es, también, una lectura personal que conecta con la de un nuevo contexto: en su descripción de una sociedad amenazada por un terrorismo a gran escala e inasible, Sam Mendes filtra por primera vez en la franquicia los renovados miedos de un mundo que ha cambiado tras el 11-S, en el que un agente del caos como el interpretado por Javier Bardem campa con la misma e insultante impunidad que el Joker de «El Caballero Oscuro» (Christopher Nolan, 2008). En ese sentido, y en su vocación de contener las crisis personales —la de James Bond, la de M— en las colectivas, la cinta llega a ser, en especial en el pasaje que antecede a su final, el estimulante simulacro de lo que hubiera sido un ejercicio Bond en manos de Nolan.

Símiles y terrores comunes aparte, «Skyfall» se erige con sólida personalidad propia como uno de los mejores filmes de la serie. En su condición de equilibrado combo de discurso, acción de excelente factura y desenfadado humor a costa del héroe, la película consigue una memorable y frenética set piece inaugural —heredera, pero ya libre de explícitas caligrafías Bourne—, un extremadamente sensual episodio en Macao —breve y vulnerable, fabulosa Bérénice Marlohe— y hasta un delicioso intercambio de interpretaciones entre Q y Bond sobre un cuadro de William Turner. Es cierto que en el tramo final, Mendes no puede evitar ciertos tics del género que rebajan la impoluta solvencia del conjunto, pero la sensación última que se impone tras los créditos es la de haber asistido a una de las más consecuentes, alentadoras e impagables aventuras Bond.

Calificación: 7/10


Imágenes de «Skyfall», película distribuida por Sony Pictures Releasing de España © 2012 Metro-Goldwyn-Mayer, Columbia Pictures, Eon Productions, Danjaq y United Artists. Todos los derechos reservados.

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