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«Sólo Dios perdona»: Encontré al diablo

Críticas

«Sólo Dios perdona»: Encontré al diablo

Ultraviolento, ultraestético, ultramagnético cuento de Nicolas Winding Refn que encaja perfecta y naturalmente con su filmografía previa. Una filigrana que maravillará y espantará por igual desde su épico y lírico salvajismo. Una monumental exaltación de la monstruosidad definitiva. 

Julian (Ryan Gosling) y su hermano Billy (Tom Burke) viven en Tailandia, trabajando en el mundo de las peleas de thaiboxing. Billy va a hacer algo malo que va a provocar la ira de Chang (Vithaya Pansringarm) y la entrada en escena de su madre, Crystal (Kristin Scott Thomas). Es curioso que “Sólo Dios perdona” (ver tráiler) provocara tan estruendosas espantadas tras su paso por el Festival de Cannes. Porque entronca perfecta y naturalmente en la filmografía de Nicolas Winding Refn, recuperando buena parte de sus obsesiones y filigranas estéticas. Es lógico que no guste a todos, desde luego; pero no lo es exigir al cineasta una especie de perpetuación de los parámetros comerciales derivados del éxito de “Drive”, su anterior colaboración con el idolatrado Gosling. Si el protagonista de aquella hubiese sido otro de sus fetiches, Mads Mikkelsen, no habría trascendido más allá de los círculos habituales. En fin.

Ryan Gosling en "Sólo Dios perdona"

«Pase lo que pase, no miréis». Desde un punto de vista técnico es impecable. Cada fotograma de este ejercicio de estilo audiovisual es un lienzo intenso, colorido y hermosísimo, una demostración de la capacidad del danés para narrar en imágenes con una calma, una consciencia y una delicadeza intachables. Así que por ahí, nada que decir, más allá de la parsimonia rítmica con la que transcurre una historia realmente imprevisible no en su esencia ─todo es muy sencillo─ sino en su estructuración formal. Absolutamente acorde con su filmografía previa, Winding Refn propone una fábula desarrollada en los márgenes suburbiales de la sociedad, en una Bangkok no irreconocible pero sí distinta, alejada de bullicios y limpia, impoluta como seguramente nunca volvamos a verla. Limpia por fuera, sucia por dentro.

Kristin Scott Thomas en "Sólo Dios perdona"

Porque la tragedia, ultraviolenta, ultraedípica, ultramagnética y de dimensiones casi cósmico-mitológicas, ahonda en capas de significación más o menos perceptibles desde la superficie para dejarse recorrer por un dolor inasumible que atenaza a todos y cada uno de los participantes de esta salvajada épica, una apoteosis pausada que cabalga entre la inocencia y la exaltación de la monstruosidad definitiva. Porque eso son unos increíbles Gosling ─que sublima aquí su increíblemente expresiva parquedad física─, Scott Thomas ─tenebroso y gansgteril reverso de la generación MTV─ y Pansringarm ─que parece haber sido poseído por el espíritu terco y homicida del icónico Hombre Alto de Angus Scrimm─, monstruos desfasados que tiran y aflojan unos de otros al margen del espectador. ¿Es “Sólo Dios perdona” una ida de olla descomunal? Puede ser. Gustará, espantará por igual. Nosotros estamos maravillados.

Calificación: 8/10

Imágenes de “Sólo Dios perdona” © 2013 Gaumont y Wild Bunch. Todos los derechos reservados.

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