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«Somers Town»: Echando raíces en la amistad

Críticas

«Somers Town»: Echando raíces en la amistad

El niño aprendiz de skin de «This is England» ha crecido y ahora se llama Tomo. Pero este adolescente sigue inmerso en una soledad que le arroja por las calles del Londres y le convierte en un desarraigado sin demasiados motivos para ir de aquí para allá. En «Somers Town», Shane Meadows le acerca al mundo de los inmigrantes y le da por amigo a Marek, un chico polaco que vive con un padre que trabaja de día y se emborracha de noche, y una madre que les abandonó porque quería otro estilo de vida. Estos dos amigos tienen en común su vida solitaria y también sus sueños adolescentes: ambos se enamoran románticamente de María, una camarera parisina que congenia con ellos. El drama existencial de estos tres jóvenes y la dificultad para adaptarse a un entorno difícil podrían marcar el tono de la película hacia derroteros agónicos y trágicos, pero sin embargo se respira frescura e inocencia, optimismo y esperanza que la elevan oxigenándola hasta acercarnos al trío protagonista.

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Rodada en blanco y negro casi en su totalidad, con pocos medios y una voluntad realista en su intento por recoger el ambiente de Somers Town, Meadows vuelve a apoyarse en el joven Thomas Turgoose para transmitir toda la inocencia y tristeza de un alma pura que parece brillar entre tanta negrura. Sus gestos espontáneos, su ceño fruncido y su mirada de pillo aportan toda la espontaneidad a la cinta, sostienen una breve historia de amistad y dan una simpatía con la que el espectador sintoniza. El resto de protagonistas actúan en torno y a rebufo suyo como si fuera su líder natural del barrio: el bueno y formal Marek pronto cede ante sus iniciativas de diversión, robos y trabajillos de poca monta para acabar madurando con él y unirse a su soledad; María, siendo mayor que Tomo, también sucumbe ante su naturalidad y desparpajo, y encuentra en sus detalles de atención el calor que la City no da. Son tres individuos distintos de edad, procedencia y esquemas vitales que sorprendentemente están a gusto juntos, que pasean y ríen en una silla de ruedas -en el que es quizá el momento más logrado-, que proyectan con entusiasmo una cena de gala o un viaje para ver la Torre Eiffel. Son, como dice la canción que abre y cierra la película, pequeños diamantes que se encuentran entre las rocas, porque sus deseos de salir adelante y de amar no pasan desapercibidos para quien les observa.

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Historia de adaptación a un medio extraño y también de maduración para estos jóvenes solitarios que deben aprender a confiar y ayudarse. Una pequeña película sobre la amistad que, sin embargo, no acaba de hacerse grande porque la frescura de Turgoose no es correspondida por sus compañeros de reparto, porque la trama de la inmigración no está lo suficientemente desarrollada como para hacernos cargo de sus dificultades de integración, o porque las canciones de Gavin Clarke -preciosas y de indudable mensaje- se insertan como meros videoclips. Tampoco ayuda que la emotividad personal pierda intensidad en subtramas innecesarias, caso de la del extravagante vecino que les da trabajo, o una versión doblada en la que se pierde parte de la vida y el ambiente del barrio, atractivos recogidos por una gran fotografía en blanco y negro de Natasha Braier, transformada en color cuando la luz se adivina el final del túnel. En definitiva, una cinta de tono desenfadado y naíf, con una ternura que no llega a emocionar, pero sí a conseguir algunos instantes donde lo poético y lo lírico abren una puerta a la esperanza.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Somers Town» – Copyright © 2008 Tomboy Films, Mother Vision y Big Arty. Distribuida en España por Festival Films. Todos los derechos reservados.

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