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«Somers Town»: El otro Londres

Críticas

«Somers Town»: El otro Londres

Al son de la música de Gavin Clarke que suena en varios pasajes de la película, «Somers Town» se digiere como una lenta y agradable balada que Shane Meadows ha compuesto posando su mirada sobre la «otra» Inglaterra, aquella concerniente a los problemas sociales que lacran una sociedad desde su clase obrera. Como toda buena balada, mira a su alrededor y nos describe con honestidad su parcela de la realidad, esperando paciente a que la emoción sencillamente florezca por su propio pie en una letra que, lejos de ahondar en la desesperación, destila ilusión y esperanzas de ubicación, amistad o amor en un contexto descorazonador.

Meadows nos cuenta el relato de dos adolescentes de procedencias y circunstancias bien distintas: Tomo (Thomas Turgoose) es de Nottingham, pero huye a Londres alegando que nada allí le retiene y que no tiene ni familia ni amigos; Marek (Piotr Jagiello) es un solitario adolescente polaco, que vive con un padre que trabaja durante el día y se emborracha durante la noche. Un encuentro casual une sus destinos y compone el retrato social que el realizador propone a propósito de las dificultades de adaptación de tanto la población inmigrante como de la propia olvidada, desatendida en una metrópolis tan deshumanizada como Londres. Se trata, por supuesto, de un retrato en blanco y negro, áspero y lejano a las postales londinenses que aquí abandonamos para conocer únicamente los entornos que conciernen a sus dos jóvenes protagonistas. Allí, quizá en el mismo Londres que Mike Leigh nos mostrara en «Happy: Un cuento sobre la felicidad», es donde Meadows consigue que esos dos chavales compartan sus días e ilusiones, tratando sin saberlo de aplacar un desconsuelo mutuo que les ha sido impuesto como yugo inherente a su condición social.

«Somers Town» logra su objetivo de narrarnos una historia de motivos sociales de manera natural, derivada en su mayor parte de una cuidadísima dirección hacia unos jóvenes actores que resultan creíbles en todo momento. En los demás frentes, la mano del director apenas se advierte, pues sabe que dejar hablar al relato por sí mismo es la manera de que surjan pequeños instantes en los que la emoción sobreviene con las herramientas más sencillas. Es el caso de la escena en la que Tomo y Marek llevan a María, su amor platónico en forma de camarera francesa, en una abandonada silla de ruedas hasta la puerta de su casa. Es en esos momentos cuando las letras de Clarke inciden con especial eficacia y destapan la sensibilidad de un cine que aquí no busca explícitamente la reivindicación, sino la emoción espontánea en un contexto que ya debería de ser per se razón reivindicativa. Así, el cortísimo metraje (71 minutos) se demuestra suficiente para esas intenciones, pero deja al espectador con la duda de qué película hubiera visto si Meadows hubiera otorgado más profundidad a las tramas adyacentes, caso de aquella que nos habla de un padre poco preparado para asumir plenas responsabilidades, o la de una María que pasa por la narración como un ángel de hermosa sonrisa, pero totalmente desconocido.

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En su conclusión, «Somers Town» se cierra con un bello pasaje en color que nos muestra a los dos adolescentes cumpliendo su sueño (y quizá de ahí la contraposición al crudo blanco y negro reinante). Rubrica así el cineasta inglés su noble obra con un optimismo que es bienvenido, pero que obvia que la realidad representada en las calles de Londres no es diferente a la de otras grandes capitales. Y sin embargo, prevalece el sabor agridulce cuando, de alguna manera, somos conscientes de que los destinos de Tomo y Marek siguen tan en el aire como al inicio, tan en remodelación como el mismo barrio en que viven y da nombre a la película.

 Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de «Somers Town» – Copyright © 2008 Tomboy Films y Mother Vision. Distribuida en España por Festival Films. Todos los derechos reservados.

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