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«Still walking (Caminando)»: Cine de veras

Críticas

«Still walking (Caminando)»: Cine de veras

«Still walking (Caminando)» es una muestra de cine que aspira a la excelencia por la vía del mimo de sus materiales, tanto formales como temáticos. Kore-eda firma un completísimo tratado de la condición humana y sus variables recovecos.

En el ejercicio de la crítica cinematográfica, es bastante habitual que uno ya tenga claro, de antemano, que el producto al que se va a enfrentar, salvo descomunal sorpresa, no va a colmar siquiera un mínimo de sus exigencias. No se trata de una enfermedad grave: se asume con deportividad, se glosa la película en cuestión y hasta la próxima. Pero a veces, ay, a veces, uno se tropieza con cine grande, cine bueno, del que hace temblar de emoción, del que hace reír —sin estridencias— y llorar —sin pudor ni tapujos—. Cine, en definitiva, que se eleva sobre la rampante mediocridad general. «Still walking (Caminando)» forma parte de esa categoría, la del cine con mayúsculas: así lo disfruté, así lo sentí, y así, amigos lectores, se lo cuento.

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«Still walking (Caminando)», la última entrega del director japonés Hirokazu Kore-eda, se enmarca, sin el más mínimo punto de inferioridad, en la mejor tradición de ese cine oriental de tempo lento, casi detenido —ese del que un nombre como Yasujiro Ozu se ha convertido en mito referencial casi ineludible—, en el que no hay prisa por contar una historia que, bajo una apariencia de superficialidad rayana en lo insustancial, nos termina ofreciendo todo el abanico posible de sentimientos y relaciones que a los humanos nos implica y atañe. Ese mismo cine en el que siempre es compatible la narración, y su fluir lánguido, con el deleite en las formas, luces y sonidos que recorren unos planos de una hermosura profunda y poéticamente trabajada. Sencillo en apariencia, pero tremendamente difícil de conseguir en la práctica: no es fácil que ejercicios de tanto cuidado formal no terminen despeñándose por los barrancos del esteticismo efectista. Kore-eda lo consigue, y si esta es una película grande lo es, en buena medida, gracias a ese logro.

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Que no es el único, ni muchísimo menos. A Kore-eda cabe también atribuirle una especial sensibilidad a la hora de abordar el despliegue de emociones y sentimientos —tan volubles como complejos— que se produce en el ámbito de las relaciones familiares. Un territorio en el que caben afectos y disensiones, cercanías y alejamientos que se desarrollan sobre la base de comprensiones y malos entendidos, entrecruzándose en un tiempo y espacio concentrados —aunque sobre los mismos se proyecten, desde el pasado y hacia el futuro, acontecimientos que van más allá—, que terminan constituyendo un completísimo tratado de la condición humana y sus variables recovecos. O un manejo exquisito en el trabajo con los intérpretes, un elenco que da cabida a un abanico de edad amplio (desde los ancianos abuelos hasta los infantes nietos), pero muy bien equilibrado en cuanto a peso y presencia tanto en la imagen como en la historia, de forma que nos hallamos ante un cuadro coral de excelente nivel.

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«Still walking (Caminando)» termina siendo, en suma, una muestra de cine que aspira a la excelencia por la vía del mimo de sus materiales, tanto formales como temáticos. Aunque sólo fuera por su tremenda capacidad «educativa» (nada forma mejor un criterio estético exigente que el material de alto nivel, y éste lo es), debería tener mayor presencia en nuestra cartelera. ¿Es pedirle peras al olmo? Probablemente. Pero ya saben lo que reza el viejo dicho, aquel que relaciona llantos y ubres: pidamos, pues, pidamos. Y esperemos ver atendidas nuestras plegarias. Amén…

Calificación: 9/10

En las imágenes: Fotogramas de «Still walking (Caminando)» – Copyright © 2008 Engine Film, Bandai Visual, TV Man Union, Eisei Gekijo y Cine Qua Non. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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