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«Still walking (Caminando)»: Estampas familiares

Críticas

«Still walking (Caminando)»: Estampas familiares

Película en la que pasa todo sin pasar nada, «Still walking (Caminando)» es un filme absorbente. Kore-eda capta esencia de vida en cada fotograma, en cada una de sus estampas de un encuentro familiar que dibuja con sensibilidad y ternura.

Uno de los mejores títulos que ha pasado este año por cartelera hablaba de la familia disfuncional, de una reunión por Navidad que reencontraba rencores, presenciaba infidelidades y honestidad brutal, acuchillamiento verbal entre sus miembros que debemos al impagable talento de Arnaud Desplechin. «Un cuento de Navidad» resultaba extraordinariamente hiriente, brillantemente atroz sin apenas salir del salón de casa, y milagrosamente encuentra hoy ecos orientales, respuesta en otra de las mejores cintas que veremos esta temporada, «Still walking (Caminando)», o la familia según Hirokazu Kore-eda.

Kore-eda capta esencia de vida en cada fotograma, en cada una de sus estampas de un encuentro familiar que dibuja con sensibilidad y ternura. Se respira en «Still walking (Caminando)» el remordimiento, el amor y dolor que parten de la experiencia personal del cineasta y que compartirán no pocos de sus espectadores. Desde ellos nos habla el director de objetos de la infancia sacados del armario, de fatales recuerdos que salen a la luz tras una noticia en televisión, de la incomunicación familiar y la decepción de un padre, de la tradición enfrentada al frenesí de la vida moderna, de la nostalgia que florece con una vieja canción durante la cena. Y lo hace con esa irrevocable mirada heredera de Yasujiro Ozu, captando cada sentimiento que flota en la cotidianeidad, desde el disfrute de un paseo de verano en el que se captan hasta los olores a la pena inconsolable de una madre que rememora la pérdida de un hijo.

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Destila «Still walking (Caminando)» amor por la conversación, por detalladas instrucciones acerca de la preparación del tempura o disimuladas sentencias de recelo hacia los nuevos tiempos («no hay nada gracioso en la tele, pero se ríen muy fuerte»). Poco importa el peso de las palabras y más la necesidad de las mismas para mantener el debilitado vínculo familiar, olvidado y relegado a una visita anual en la que inevitablemente se acumulan los reproches y el cariño. Es durante esas conversaciones cuando la cámara realiza soberbias radiografías de sus personajes, posándose en los rostros de aquellos que no participan en la conversación y haciendo diáfanos sus pensamientos, sus miradas. No hay artificio posible, no hay pirueta alguna y sí una excelsa planificación que permite varios niveles en cada plano (mientras asistimos a la conversación que tiene lugar en el comedor, la profundidad de campo y el sonido permiten un segundo escenario que tiene lugar en el jardín). Si acaso espontáneas y esporádicas intromisiones de una bella banda sonora, para ser punto de inflexión o marco de juegos infantiles. Si acaso, un solo momento en el que Kore-eda permite una voz en off, que permite la única reflexión en voz alta. Y esta será devastadora.

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Película en la que pasa todo sin pasar nada, el de Kore-eda es un filme absorbente para todo aquel dispuesto a aceptar que la exploración de las relaciones familiares y el peso del pasado en las mismas son toda premisa que aquí encontrará. Uno de esos títulos que sólo puede entenderse desde el ritmo que marcan las emociones, y éste desde un magnífico elenco que encuentra en Kirin Kiki su más gloriosa interpretación.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «Still walking (Caminando)» – Copyright © 2008 Engine Film, Bandai Visual, TV Man Union, Eisei Gekijo y Cine Qua Non. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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