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«Stoker»: La hija extraña

Críticas

«Stoker»: La hija extraña

«Stoker» está bombeada por las pulsiones, entre el Hitchcock de «La sombra de una duda» y el Kubrick de «Lolita». Una película fascinante, con desequilibrios entre su gramática visual y su narrativa.

El apellido titular despierta asociaciones ilustres con la sed de sangre, al igual que el del director, Park Chan-wook, invoca de inmediato una autoría con una relación única con la imagen. «Stoker» (ver tráiler) podría ser ese debut en habla inglesa con signos de adocenamiento industrial, como fuera el caso de un conformista Kim Jee-woon en la reciente «El último desafío» (2012). Pero no: es la hija extraña de una serie de permutaciones, tanto en su concepción como en su desarrollo, que otorgan la forma a lo improbable, lo incómodo, a esa obra de difícil ubicación a un lado y a otro del cine. Es una refinada outsider que no quiere alejarse demasiado del rebaño, una flor hermosa e imperfecta que se marchita, más tarde que pronto, en su propia vanidad.

Mia Wasikowska, Nicole Kidman y Matthew Goode

Hay dos películas en «Stoker». La primera es un sublime recital de puesta en escena, un prodigio de la composición de elementos desestabilizadores capaz de crear atmósferas densas hasta lo insoportable. En ella, el milimétrico control visual de Chan-wook se pone al servicio de un relato bombeado por las pulsiones, un abrazo entre el Eros y el Thanatos para una historia que hubiera firmado el Alfred Hitchcock de «La sombra de una duda» (1946) en perversa sociedad con el Stanley Kubrick de «Lolita» (1962). Esa primera película fascina, hipnotiza y se sumerge sin miedo en conclusiones nada fáciles de asimilar: la herencia pérfida, la espontánea adhesión al mal y la proximidad entre deseo y muerte, confirmada en la perturbadora comunión que lleva a un orgasmo bajo el agua de la ducha. En esa obra magnífica, Mia Wasikowska entiende a la perfección su adolescente matizada, inicialmente resistente a las declinaciones oscuras hacia las que le lleva un inquietante Matthew Goode. Y en esa relación, la crepuscular viuda incorporada por Nicole Kidman —no muy alejada de la Charlotte Bless de «El chico del periódico (The paperboy)» (2012)— no ejerce tanto como presencia saboteadora, sino como agente disonante e impotente ante esa naturaleza que no puede asimilar, mejor expresada en la música rota de Clint Mansell y en el clímax fantasmagórico que cabalga el dueto para piano de Philip Glass.

Nicole Kidman y Mia Wasikowska

La segunda película, sin embargo, desdeña la construcción lenta y progresiva de esa conexión inconfesable para señalar sus causas en un secreto atroz. Prefiere el vuelco narrativo, el giro con vocación de sorprender que hace irreconocible a un personaje y compromete su credibilidad. En ella, importa más el fin que los medios, y el guion del actor Wenworth Miller se descubre como una base poco inspirada, molesta e insuficiente para hacer justicia a una gramática sublime, en su capacidad para agitar los instintos del espectador. En esa «Stoker», Chan-wook es un director que, esta vez sí, condiciona las derivas de su autoría al imperativo comercial de un final más epatante que armónico para con el conjunto.

Calificación: 6/10

Imágenes de «Stoker», película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2013 Fox Searchlight Pictures. Todos los derechos reservados.

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