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«Sucker punch»: Los sueños estaban hechos de esto

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«Sucker punch»: Los sueños estaban hechos de esto

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«Sucker punch» ofrece un espectáculo visual sin parangón. Una obra arriesgada con capacidad ilimitada para maravillar, de un atractivo e imaginación salvajes que son también elogio de la creatividad infinita, del poder sin confines de la mente.

Las puertas de la percepción están en la antesala de la lobotomía. El recorrido que Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) desempeñaba en «Shutter Island» (Martin Scorsese, 2009) era el alzamiento y fracaso de una mente desquiciada frente a una realidad que atenaza los sentidos cuando la humanidad ya ha quedado desahuciada. Un viaje así, tan maléfico como revelador, es también el de Babydoll (Emily Browning) en «Sucker punch» (ver tráiler), una de esas películas cuya existencia —sorprendente— recuerda la esencia del cine como fenómeno estético y, por ende, su capacidad ilimitada para maravillar visualmente. Zack Snyder es un glorioso violador de tradiciones narrativas, un autor —autor, con todas las letras— sin miedo a la suspensión total del sentido y al divertimento emparentado con el cine de atracciones. Y es esta su apuesta más arriesgada, la primera que no adapta material ajeno y también la menos dispuesta a justificaciones, únicamente comprometida a enajenar al espectador en sus torbellinos de imágenes imposibles.

Elogio de la inventiva apabullante, del poder sin confines de la mente, la gran evasión del centro Lennox House no era a un exterior quizá más gris que los propios infiernos del psiquiátrico, sino hacia una creatividad infinita. Las aventuras interiores de las protagonistas de «Sucker punch» funcionan como piezas casi autónomas que acercan al realizador a un modelo de autoría extraordinario y desafiante dentro de la era del videoclip, con un franco desprecio por toda forma de purismo narrativo. La seducción de esta película no viene por sus cielos surcados por dragones, por el atractivo salvaje de sus lolitas semidesnudas o su reinvención steampunk de las batallas en trincheras de la Guerra Mundial, que también. El embrujo viene ante la constatación de que la forma de los sueños, que se reinventan a cada momento, mora y crece aquí sin remisión. Dicho de otra manera: la materia onírica, aquella a la que cantaban los Eurythmics, cobra al fin significado con la voz de Browning —vía remezcla de Tyler Bates— y la fantasía chusca de Snyder.

Provocación absoluta desde su escritura más elemental, esta obra de sana devoción pop y pulp alimenta su propio mito desde su banda sonora, un bizarro y a la postre memorable compendio de covers con los que leer el trayecto psicodélico, psicotrónico, anfetamínico, hipervitaminado, desbocado e instintivo de Babydoll y compañía: desde la evidente inclusión de Where is my mind? hasta la versión épica del Tomorrow never knows de los Beatles, pasando por el vodevil glam de Oscar Isaac y Carla Gugino, despidiéndose con Love is the drug y certificando, de paso, lo adictivo del amor —casi pornográfico— por el exceso.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Sucker punch”, película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2011 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Cruel & Unusual Films. Todos los derechos reservados.

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