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«Surveillance»: Los mundos de Jennifer

Críticas

«Surveillance»: Los mundos de Jennifer

Jennifer Lynch regresa quince años después de su debut con un thriller extravagante que demuestra que, si bien nunca alcanzará la calidad del trabajo de su padre, sí es capaz de generar ambientes atractivos sin excesivos recursos. 

Una pareja de agentes del FBI (Bill Pullman y Julia Ormond) llega a un pequeño pueblo en el que ha tenido lugar un terrible asesinato. A pesar de las reticencias iniciales de las fuerzas del orden locales, comienzan a tomar declaración a los implicados en el hecho. Quince años después de la tremebunda “Mi obsesión por Helena”, Jennifer Lynch vuelve a situarse tras las cámaras para ofrecer un thriller que demuestra que, si bien no alcanza ─ni alcanzará─ las insondables cotas de calidad artística y expresiva de su padre, aquí auspiciando la obra de su retoña en calidad de productor ejecutivo, sí ha tomado buena nota a la hora de elaborar atmósferas a caballo entre lo onírico y lo opresivo. Una de las grandes herramientas de las que dispone la realizadora es la sabia disgregación de los elementos que conducen a la verdad del caso, pequeñas piezas de un puzle global diseminadas a lo largo de un metraje en el que tan sólo el espectador conoce toda la verdad de lo acontecido, ya que cada testimonio se acompaña de flashbacks que nos muestran cómo el relato de cada participante dista, y mucho, de lo que realmente sucedió.

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Un reducido grupo de personajes, encabezado por un descomunal Pullman ─tras “Carretera perdida” queda confirmado que los Lynch saben exprimir como nadie sus capacidades interpretativas─, y tan sólo un par de escenarios componen una puesta en escena extravagante y grotesca, maquiavélica por la vil naturaleza de casi todos los partícipes y capaz de atrapar al espectador que quiera sumergirse en un microcosmos extraño, bizarro y tremendamente ameno por las actitudes individuales de cada presente y las consecuencias que sus actos tienen en el grupo. Y es que “Surveillance” no ofrece sino una acumulación de tópicos del género al uso, pero remozados ─o rebozados, incluso─ para ofrecerlos al palco de manera que la sensación final es la haber visto un producto superior en méritos a los que realmente ofrece.

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A pesar de que la parte final de la trama se sostiene a duras penas, es aquí donde la complicidad del espectador es requerida por parte de la realizadora para que el montante no se desbarate en exceso, para que tratemos de olvidar la falta de originalidad global y nos rindamos al ambiente que todo lo envuelve, una invitación que puede ser tan válida para algunos como será frontalmente rechazada por otros. El esfuerzo es doble en este punto porque el palco ha de tratar olvidar el árbol genealógico del que procede Jennifer Lynch, que puede suponer una traba insalvable por lo alargadísimo de su sombra a la hora de valorar lo que pretende la cineasta, al margen de que en función de los gustos de cada cual lo logre o no. Sin embargo, lo abiertamente descacharrante de sus últimos compases convierten “Surveillance” en un divertimento tan atípico y retorcido como saludable en estos tiempos de mecánica e industrial reiteración. Ojalá vuelva a sorprendernos ─para bien─ dentro de no mucho.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Surveillance” © 2008 Arclight Films, See Film, Blue Rider Pictures y Lago Film. Fotos por Allan Feildel. Todos los derechos reservados.

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