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«Tengo algo que deciros»: Secretos de familia

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«Tengo algo que deciros»: Secretos de familia

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Lo nuevo de Ferzan Ozpetek supone otra obra menor en su carrera, en la que recupera el tema central de la homosexualidad sin excesivos méritos ni destacados mayores. Una comedia ligeramente trágica, de rápido y agradable visionado.

Tommaso (Riccardo Scamarcio) regresa a la casa familiar para heredar junto a su hermano (Alessandro Preziosi) la empresa de su padre. Pero en realidad lo que quiere es confesar en público su homosexualidad. Lo hará en la cena, la misma noche de su vuelta… Ferzan Ozpetek dirige “Tengo algo que deciros” ─horrible adaptación del original «Mine vaganti», «minas errantes»─, comedia simpática y amarga en la que recupera parte de sus elementos temáticos y estéticos, diluidos con el paso del tiempo en una evolución filmográfica que sigue encontrando sus mejores trabajos en las ya lejanas edades de su iniciática “Hamam: El baño turco” (1997); de hecho, nuestra cartelera había dado ya la espalda a sus últimas propuestas, así que este trabajo, aunque menor, es motivo de alegría en cuanto que marca su retorno a nuestras pantallas.

El cineasta retoma la homosexualidad como temática central, sentando frente a frente a una familia acomodada pero, como es habitual, infestada de frustraciones, aspiraciones y sueños no cumplidos; el dinero no da la felicidad, sensación potenciada por el ultraconservador liderazgo familiar de un potente Ennio Fantastichini, cuyo reaccionarismo delatará la puerta de entrada del observador a un microcosmos plagado de excentricidad (Elena Sofia Ricci), nostalgia ruda pero encorsetada (Ilaria Occhini), aceptación forzosa (Bianca Nappi) y todo tipo de lastres emocionales que se contagian entre sí a lo largo de la historia. Son capas visibles de lo que ante todo queda como una correcta comedia coral con buenos actores y presupuestos y cuyo mensaje, más allá de su evidencia, cala como sentido testimonio de una realidad reconocible.

A pesar de que la narración se salpica de pantomimas que amenanzan con saturar un metraje innecesariamente cercano a las dos horas de duración ─los flashbacks, la llegada de la cuadrilla de histriónicos gays caricaturescos─, una sensación de calma campestre domina el conjunto, nutrido de paisajes clásicamente bucólicos regalo de la campiña italiana, toda una invitación a que afloren las confesiones y penitencias de final incierto y fluido desarrollo. Nada es imposible, y expulsar las verdades ante los seres queridos es más fácil que vivir en el silencio de una conciencia intranquila ─nos lo recuerdan también en la película─, aunque alcanzar la confianza necesaria para abrirse con total franqueza necesita de un camino no exento de trampas y dificultades. Sin torpezas reprobables y con el favor de su propia ligereza, es lo que cuenta Ozpetek. Y en eso no le falta razón.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Tengo algo que deciros” © 2010 Fandango y Rai Cinema. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

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