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«Teniente corrupto»: El thriller dislocado de Werner Herzog

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«Teniente corrupto»: El thriller dislocado de Werner Herzog

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Subversión negrísima del original, malintencionada anomalía del género, «Teniente corrupto» es un thriller dislocado bajo engañoso envoltorio hollywoodiense. Un viaje lisérgico con un Cage turbadoramente histriónico.

En una reciente entrevista, el director alemán Werner Herzog afirmaba no conocer la obra original de Abel Ferrara, asegurando que lo único que aquella tenía que ver con su película era el título, supuestamente compartido por los derechos del mismo que ostentaba su productor. Difícil saber si Herzog jugaba al despiste o se trataba de un acto de provocación (en la misma entrevista, el alemán no parecía ni siquiera acordarse del apellido del realizador neoyorquino) acorde al espíritu de su último filme. Lo que sí resulta patente es la abierta traición que este supone, una desviación inusitada que, a su vez, parece marcar una nueva renovación de intenciones en la siempre superviviente carrera de Herzog (tras una etapa dominada por el documental, a través de títulos como «Grizzly Man» o «Encuentros en el fin del mundo»).

Malintencionada anomalía, francotiradora de toda normalidad dentro de su género, «Teniente corrupto» desecha el camino del mártir imposible que representaba el Harvey Keitel de Ferrara (su «Teniente corrupto» suponía la mejor película posible acerca de la redención o, mejor dicho, acerca de la imposibilidad de la redención) para ofrecer un thriller dislocado bajo engañoso envoltorio hollywoodiense. En sus primeros compases, las intenciones de Herzog ya se presentan insólitas: el asentamiento del contexto de la Nueva Orleans post-apocalíptica, tras el paso del Katrina, ya supone una singularidad incluso dentro de su cine, desde el mismo momento en que el director que filmó algunos de los más grandes fracasos conquistadores y románticos del hombre frente a la naturaleza («Fitzcarraldo», «Aguirre, la cólera de Dios»), da por vencido a su particular antihéroe frente al paisaje. Así, el teniente Terence McDonagh (Nicolas Cage) se convierte en alternativa a la locura de la conquista, o al conquistador de lo inútil instalado en el delirio autodestructivo. Si alguna vez el protagonista herzogiano significó un alter ego distanciado, una suerte de doppelgänger (su desdoblamiento fantasmagórico, su reflejo ficticio y tremebundo) del propio director, en «Teniente corrupto» este adopta su versión más nihilista (e inaudita).

A partir de la reformulación, Herzog compone un viaje lisérgico, alucinado y salvajemente imprevisible: en medio de una estructura más o menos prototípica de trama policial, esta se hace añicos para dar paso a una alucinación a golpe de vídeo digital y gobernada por iguanas ante la mirada pasmada de McDonagh; en otro momento concreto, la muerte de un sicario es seguida de la epifánica visión de su alma bailando breakdance a ras el suelo. La anormalidad de tales representaciones contribuye a hacer de «Teniente corrupto» el thriller inestable, altamente desasosegante que es. Esa escalada hacia el delirium tremens, que cuenta con la complicidad de un Nicolas Cage sorprendentemente turbador incluso en su deliberado histrionismo, habla también de la desesperanza absoluta en una sociedad incapaz de renacer aun después de su anegamiento: un nuevo status quo se impone, en el que la ley se permite la amoralidad como vía para solucionar problemas. De esta manera Herzog, vía McDonagh, propone así una de sus conclusiones más portentosas, un happy end terrible y al tiempo gozoso de una comicidad insana, remate perfecto tanto para el espectador más irritado como para el (complacidamente) estupefacto.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de «Teniente corrupto» – Copyright © 2009 Millennium Films, Nu Image Films, Edwards R. Pressman Film, Polsky Films, Saturn Films y Osiris Productions. Distribuida en España por Wide Pictures y Aurum. Todos los derechos reservados.

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