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«Terminator: Génesis». No hay futuro

Críticas

«Terminator: Génesis». No hay futuro

Nueva castaña descuidada, chusca y falta de ideas que nos llega desde un Hollywood que demasiado a menudo olvida la calidad de los productos que arroja al espectador pensando en el beneficio mundial del primer fin de semana. No hay futuro. Dale, Skynet.

El 29 de agosto de 1997 Skynet toma el control e inicia la rebelión de las máquinas contra la humanidad. Sobre esa base, Hollywood nos ha regalado un seco, brutal clásico de culto, una secuela seminal para el género moderno, una secuela normalita, una serie de televisión intrascendente, un reboot interesante pero que no gozó del beneplácito de la industria y, ahora, «Terminator: Génesis», nueva muestra de la falta de respeto que para con el espectador tiene demasiado a menudo el séptimo arte más comercial que nos llega desde Estados Unidos. Una auténtica castaña chusca, descuidada y que no juega más que a lo que rasque el primer fin de semana; y, si es suficiente, dos entregas más. No hay futuro.

"Terminator: Génesis"

«¡Abuelo, no!». Vamos a ver. A los mandos Alan Taylor, como si se mereciese un premio en reconocimiento a su blandurria «Thor: El mundo oscuro», claro que sí; y al libreto, Patrick Lussier y Laeta Kalogridis, que para eso tienen un currículo como guionistas que da gloria verlo. Bravo. Los tres, con la ayuda de un equipo técnico de lo más ramplón -poco enmascara la banda sonora de Lorne Balfe, desencajado ruido inerte con el beneplácito del estrambótico Hans Zimmer-, nos tiran a la cara una película perezosa y confusa -es/no es lo mismo-, falta de emoción o interés alguno -y con unos resortes cómicos sonrojantes- y que pasmará a los que crecieron con la obra original por lo mal remasticado que está todo, mientras que provocará una soporífera indiferencia entre el nuevo palco adolescente. ¿Qué? ¿Cómo? Bah…

"Terminator: Génesis"

Por la parte humana, reparto de circunstancias: Emilia Clarke y Jai Courtney planos, sin química ninguna, lejísimos del carisma que necesitan/implican los iconos a los que aquí dan vida tan parcamente; Arnold Schwarzenegger, en fin, una triste parodia de sí mismo y presentando su nivel interpretativo más bajo desde… vaya usted a saber cuándo; y Jason Clarke da la impresión de no entender ni él lo que está haciendo. Aplausos para los responsables del casting, desde luego. Sin mensaje, sin recursos, sin ideas, sin nada más que el amor al dólar y al qué vendrá mañana, «Terminator: Génesis» eleva esa medianía que es «Jurassic World» a la categoría de Gran Reboot. Apañados estamos. Vergüenza debería darles. Nihilismo chungo.

Calificación: 3/10

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