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«The fall: El sueño de Alexandria». Una joya llamada a perdurar

Críticas

«The fall: El sueño de Alexandria». Una joya llamada a perdurar

Desde luego, no puede decirse que la distribución cinematográfica esté viviendo un momento boyante. Porque si una película ganadora del Festival de Sitges tiene que esperar más de un año a que se estrene (con una nueva edición del certamen celebrada entretanto) y lo hace en un circuito casi reducido a la versión original subtitulada, es que algo pasa. Al menos, en esta ocasión, hemos de dar gracias, porque tampoco sería la primera película que ni siquiera llega a estrenarse, que árboles más altos (“I’m not there”, “My blueberry nights”) aún están esperando que alguien les haga un hueco en la cartelera.

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Pero no importa el tiempo transcurrido cuando uno se sienta y arranca “The fall: El sueño de Alexandria” (el añadido al título original no parece tener mucho sentido, pues quizá sería más afortunado hablar de un cuento más que de un sueño), con unos títulos de crédito en blanco y negro que, al son de la séptima sinfonía de Beethoven, son de los más bellos que hemos podido ver en los últimos tiempos en una sala de cine. Y se trata únicamente del pórtico a una película arriesgada, uno de esos raros ejemplos en los que uno tiene el convencimiento de que un director con talento ha volcado todo de lo que es capaz, construyendo una historia en la que confluyen el ilimitado amor por el cine (ejemplificado en la época en la que este aún era terreno casi virgen, capaz de cualquier maravilla), una imaginación desbordante y una capacidad casi infantil de tramar historias disparatas en las que las alusiones a personajes, culturas y tierras exóticas se mezclan con la realidad más cotidiana y ramplona.

Resulta difícil describir con palabras la experiencia estética de una película capaz de albergar en su interior todas las referencias de las que hace gala “The fall: El sueño de Alexandria”. Por momentos, uno puede pensar que se encuentra ante una especie de “La princesa prometida” mucho más esteticista, dominada por el delirio barroco de un creador indio (Tarsem Singh) que no puede ocultar la procedencia de su acusado sentido de la belleza ni su potente capacidad para reinventar el mundo en forma de fábula.

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Pero si se trata de buscar un nombre propio, inevitablemente tenemos que hablar de la niña protagonista, la extraordinaria Catinca Untaru, un prodigio de sensibilidad, dulzura e interpretación a años luz de las mini Barbies a las que nos acostumbra Hollywood. Porque en cierta manera, uno tiene la sensación de que ella es la verdadera fuerza de la que emana toda el ímpetu de una película, eso sí, no apta para todos los paladares: sólo para aquellos que acepten un juego en el que se ha de caminar con un pie en la realidad y otro en la fantasía, alejado de los caminos más trillados y fáciles del Disney peor entendido. Cántico a la fuerza del relato, proclama libertaria que nos invita a derribar los muros del adocenamiento, obra excesiva que también es, a la vez, una preciosa miniatura, “The fall: El sueño de Alexandria” está llamada a ser una joya del celuloide, una obra única que se convertirá en secreto compartido de cinéfilos en vía de iniciación al milagro del cine. Corran a verla mientras aún esté en cartel, antes de que tengan que confabularse de alguna manera para lograr disfrutar de esta maravilla.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «The fall: El sueño de Alexandria» – Copyright © 2006 Googly Films. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.

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