“The lovely bones”: Del gore al cursi

Por Miguel A. Delgado | LaButaca.net | 2 marzo 2010



“The lovely bones” está lacrada por un guión delirante, con momentos de profundo sonrojo y resoluciones de la trama absolutamente simplonas. Uno de los mayores naufragios de talento en años.

¿Cómo puede un director forjado en el gore más radical terminar despachando una cinta tan rematadamente cursi como “The lovely bones” ? ¿Es que de verdad pueden ser trabajos firmados por la misma persona? No puedo dejar de darle vueltas a esa inexplicable contradicción… salvo que se trate sólo de una contradicción aparente. Quizá no sean más que caras de una misma moneda, la que busca exacerbar impulsos y tendencias presentes en las personas hasta convertirlas en mera caricatura. Ambas caras, además, pueden ser divertidas cuando se abordan con inteligencia; pero cuando lo que se pretende es pasar por algo supuestamente más trascendente, entonces es cuando nos damos de bruces con el ridículo… o, lo peor de todo, con el más plano y cansino de los aburrimientos. Porque eso, aburrimiento, es lo que transmite la que era una película largamente esperada, el retorno de Peter Jackson , uno de los más importantes directores de la última década a un terreno que, como en la estupenda “Criaturas celestiales” (1994), pretende lanzar una mirada sobre algo tan terrenal y ajeno a la pura fantasía como es el asesinato de una niña.

De hecho, no deja de ser curioso que funcionen mucho mejor, dentro del desastre general, las partes que transcurren en el mundo real, porque la construcción del limbo al que se ve arrastrada la protagonista al morir, y desde el que contempla la libertad de su asesino y el desmoronamiento de su hasta entonces ejemplar familia, está imbuida de la iconografía más delirantemente new age. Y sinceramente, no sirve de disculpa que se trate de la representación de un limbo deseado por alguien de esa edad y en esa época, la década de los setenta. No importan las intenciones, sino los resultados, y aquí no puede haber nada que emocione, porque se trata de un decorado de absoluto cartón piedra digital, y lo que pretende ser hermoso no tiene más valor estético que el de una porcelana barata de la tienda de chinos de la esquina. Desde luego, para esto podíamos habernos ahorrado todo el delirio digital.

La lástima es que semejante despropósito se lleva por delante los valores positivos que deberían haber apuntalado el edificio, pero que aquí parecen no saber muy bien cuál es su cometido. Y así, una actriz del calibre de Rachel Weisz desfila por la pantalla sin que parezca saber muy bien qué hacer con su personaje, un actor tan dotado como Stanley Tucci se limita a repetir mecánicamente todos los clichés del perfecto psicópata, y Saoirse Ronan , aquella chica que irrumpió en el mundo del cine como un huracán con su inolvidable papel en “Expiación: Más allá de la pasión” (Joe Wright , 2007), pone a su interpretación un empeño digno de mejor causa.

Si a eso añadimos un guión delirante, con momentos de profundo sonrojo (el tramo final, especialmente en lo romántico, hace bueno cualquier exceso almibarado de “Crepúsculo” y similares) y resoluciones de la trama absolutamente simplonas, no nos queda otra alternativa que asistir a uno de los mayores naufragios de talento en años, uno del que apenas se salva algún momento aislado, como los de Susan Sarandon (por más que su papel caiga en lo repetitivo) o los barcos embotellados varados en la playa. Poca cosa, muy poca cosa, y motivo suficiente para encender todas las alarmas: porque si el tándem Steven Spielberg -Peter Jackson ha sido capaz de perpetrar algo así, ¿qué cabe esperar de su prevista triple incursión en el mundo de Tintín? Sudores fríos le recorren a uno, por poco que se ponga a pensarlo.

Calificación: 3/10

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