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«The master»: Obra maestra

Críticas

«The master»: Obra maestra

«The master» es cine monumental, arte que entrega las herramientas a su público para iniciar una reflexión sin caducidad, oficio capaz de regalar un plano hipnótico detrás de otro, texto incómodo que recitan grandes actores.

En el clímax de una borrachera descontrolada, en la sinrazón de una resaca aplastante impera la alteración de lo racional, de la correspondencia lógica con una realidad que no es ni mucho menos lógica. El despertar siempre es más duro porque obliga a poner en su sitio todo aquello que no existe necesariamente para ocupar un lugar específico y ordenar, en definitivas cuentas, nuestro paso por el mundo. Ante esa constatación de liquidez, no todo el mundo reacciona del mismo modo: algunos buscan referentes, creencias a las que aferrarse con más o menos interrogantes, verdades construidas para calmar el lamento existencial; otros no entienden la opción como consuelo y vagan sin rumbo, se dejan llevar a la deriva sin temer a la pulsión, a la cercanía del arrebato atroz o la muerte. Hay maestros y hay discípulos. Hay individuos que necesitan participar de la estructura social, volcarse por o a costa del resto. Y otros que solo pueden sobrevivir a través de sus instintos primarios, en su escisión de toda forma de grupo.

En los primeros minutos de «The master» (ver tráiler y escenas), Freddie Quell (Joaquin Phoenix) vagabundea por las playas de los Estados Unidos de la posguerra entre delirios etílicos, peleas de cuerpos semidesnudos y sexo con mujeres de arena. La escena, de enorme poder expresivo, sumerge al espectador en un tortuoso estado psicológico pautado por la disonante partitura de Jonny Greenwood, una sucesión de cuchillos sonoros que convierten las imágenes en una pesadilla turbadora y chirriante. Varias secuencias más tarde, la aparición de Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman) establece el otro polo: un integrado carismático y embaucador, dispuesto a sacar tajada de la angustia ajena y fascinado por Quell, aquel al que apenas puede gobernar pero cuyo encuentro despierta su inspiración y una sospechada conexión.

En la relación entre ambos y en su relación con su entorno, moran las líneas maestras de un ensayo único, complejo y críptico sobre cada vida, cada ser humano y la manera en la que se inscribe en la faz de la Tierra. La necesidad de creer, el impulso de errar, lo irrenunciable del yo salvaje, la lucha contra la naturaleza propia, la inestabilidad de la construcción colectiva, la inestabilidad aún mayor del aislamiento, la angustia, la furia, el ruido, el silencio, el flirteo con la libertad de uno mismo —cruzar un desierto a toda velocidad a lomos de una moto— antes del flirteo con la muerte. Son temas que se concitan aquí con densa contundencia, sin facilidades de parte de un Paul Thomas Anderson que, sin escapar de las coordenadas que mejor le definen, edifica a cada paso una filmografía inescrutable y extraordinaria. Si «There will be blood (Pozos de ambición)» (2007) describía con tanta majestuosidad como talento los abismos humanos en los que nació el capitalismo, su último trabajo es el contraplano íntimo que mira a los cimientos de cierta religiosidad contemporánea dispuesta a perpetuarse en los mecanismos del poder y el miedo.

«The master» es cine monumental, arte que entrega las herramientas a su público para iniciar una reflexión sin caducidad, oficio que regala un plano hipnótico tras otro, texto incómodo que recitan dos grandes actores cuya persona apenas sí puede distinguirse de los personajes que interpretan. No solo es una película inmensa, sino una que templa su ambición en favor de su hondura anímica, sin miedo a ser rabiosamente imperfecta y que, como Jean Cocteau, cuestiona la maestría en términos absolutos, de impecabilidad. La de Anderson es una obra que ha entendido que nuestro vínculo con cada manifestación artística puede ser tan inaprensible e insondable como nuestro vínculo con todo lo demás, lo cual no da sino una razón más que estimulante para seguir explorándola hasta las (pen)últimas consecuencias. Por ello, si únicamente entienden el cine como fuerza de evasión, si no están dispuestos a concederle la condición de reacción sensible a lo indescifrable y creen que las obras maestras se explican por sí solas, aléjense de ella. Si en cambio creen que el cine sí puede ser una conjunción de fuerzas de la naturaleza (humana), lanzar preguntas sin hallar necesariamente las respuestas, escarbar en los rincones más recónditos del alma para alcanzar la posibilidad de trascender y redimensionarse en el tiempo, entonces sí: esta es su obra maestra.

Calificación: 10/10


Imágenes de «The master», película distribuida en España por Alta Classics © 2012 The Weisntein Company, Annapurna Pictures y Ghoulardi Film Company. Todos los derechos reservados.

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