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«The reader (El lector)»: Geografía de la culpa

Críticas

«The reader (El lector)»: Geografía de la culpa

¿Dónde empieza y dónde termina la culpa de las personas? ¿Y la de los colectivos? ¿Cómo es posible establecer la responsabilidad cuando hablamos de hechos terribles que, para ser llevados a cabo, necesitaron de la colaboración de miles de individuos? Y desde el plano personal, ¿cuál puede ser la actitud, el sentimiento, cuando descubrimos que alguien que ha sido importantísimo para nosotros ha sido partícipe de un crimen horrible? ¿Muere inmediatamente cualquier afecto, cualquier cariño, o la persona se ve atrapada entre fuerzas opuestas que, literalmente, la dejan inmóvil y anulada?

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Todos estos temas se ponen sobre el tapete en “The reader (El lector)”, la película de Stephen Daldry que adapta el libro homónimo de Bernard Schlink y que narra, a lo largo de cuarenta años, la relación de un joven (David Kross primero, Ralph Fiennes más tarde) con una mujer que le duplica la edad cuando la conoce (Kate Winslet) y que se convierte en el primer, violento e inolvidable amor. Una mujer con la que se reencontrará años después, que carga con un terrible secreto y que le pondrá contra las cuerdas morales y afectivas en una Alemania sumida en la digestión del desolador pasado nazi y sus devastadoras consecuencias.

Son grandes temas, enormemente complejos, y el guión de David Hare los toca e insinúa, los propone sin ofrecer respuestas concluyentes, y ahí es donde radica el principal interés de una cinta impecablemente dirigida, elegantemente narrada y eficazmente interpretada (especialmente en los casos de Kross y, cómo no, Winslet). Habrá quien pueda reprochar que la manera en la que se abordan es necesariamente esquemática, pero en realidad el libreto ofrece una estupenda pista de despegue para viajar hacia dentro, un punto de partida para la reflexión y el debate.

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Secundariamente, la cinta de Daldry incluye un emocionante canto de amor hacia la literatura, por más que extienda dudas sobre la tan repetida capacidad del arte literario para crear belleza y espantar la barbarie. Pero es que es en este punto cuando el personaje de Winslet se transforma en todo un símbolo de una nación culta y civilizada que, sin embargo, incubó el huevo de la serpiente. Pero poco importa cuando las referencias a Chéjov, Homero y otros tantos autores que el joven Michael le lee a Hanna en sus furtivos encuentros amorosos, se revelan también como poderosas válvulas de escape de cualquier prisión, incluida la moral.

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No es “The reader (El lector)” una película perfecta como sí lo era su antecesora, “Las horas”, en parte por detalles tan sorprendentemente poco cuidados como un maquillaje más chapucero de lo esperable (y aún más chocante cuando todavía tenemos en la retina el prodigio conseguido en “El curioso caso de Benjamin Button”), o un Ralph Fiennes que convierte la introversión de David Kross, llena de pasiones enfrentadas, en una gelidez excesivamente inexpresiva. Pero sería negar la evidencia decir que no incluye momentos de gran sensibilidad (como todo lo referido a la relación entre los protagonistas o los momentos del juicio), rodados con exquisito porte, ambientación sobresaliente y un cuidado por los detalles  que respetan y acarician la inteligencia del espectador (atención a esa fotografía con dos grandes como Chris Menges y Roger Deakins al frente). Un espectador que, si lo desea, puede abordar las cuestiones esbozadas en la cinta e intentar darles una respuesta. Desde luego, trabajo no le faltará con tan apasionante tarea.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Escenas de «The reader (El lector)» – Copyright © 2008 The Weinstein Company, Mirage Enterprises y Neunte Babelsberg Film. Fotos por Melinda Sue Gordon. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.

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