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«The reader (El lector)»: Traumas y sentimientos para una disciplina y una moral

Críticas

«The reader (El lector)»: Traumas y sentimientos para una disciplina y una moral

Una nueva película sobre el Holocausto y sus secuelas entre los supervivientes, donde vemos algunas vidas aniquiladas por el convencimiento de algunos al aplicar la legalidad, y otras destrozadas por la costumbre de no dar cauce a los sentimientos. «The reader (El lector)» es la historia de Hanna, una antigua vigilante en el campo de concentración de Auschwitz que, acabada la guerra, trabaja como supervisora de tranvía en Berlín. Su sensibilidad y orgullo, y también el trauma por ser analfabeta, hacen que seduzca a un jovencito para que le lea novelas mientras ella le inicia en la vida sexual. Más tarde, este joven estudiará Derecho y descubrirá en un juicio la antigua identidad y móviles de su amante, mientras ve cómo ella oculta su pasión inconfesada y traumática hasta renunciar con ello a la prueba de su defensa en la acusación de asesinato.

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Las coordenadas de la historia se mueven en un triple o cuádruple plano, mucho más interesantes que la propia factura de la película, que cuenta con algunos momentos muy conseguidos gracias a la buena interpretación de Kate Winslet, y otros bastante anodinos que se pierden en las escenas eróticas del inicio o las discursivas del proceso judicial, ya mil veces vistas e insulsas. La sensibilidad y la sutilidad para las transiciones temporales son marca de la casa de Stephen Daldry, lo mismo que una música que en esta ocasión sin embargo no alcanza la fuerza que Philip Glass imprimiera a «Las horas». En el primer tercio presenciamos dos pasiones, una oculta por el rostro enigmático de Hanna y otra manifiesta en el errático comportamiento adolescente de Michael: estamos en el territorio del placer artístico-literario —es gráfica la escena en la que Hanna escucha al coro de niños— y del placer sexual, ambos mantenidos en secreto y sometidos a la disciplina o la moral por sus protagonistas.

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En el cuerpo central de la cinta, asistimos a las clases de Derecho y al juicio, donde se cuestiona la obligatoriedad de obedecer a una ley injusta —en alusión a Hanna y al resto de colaboradores del régimen nazi que se ampararon en que «cumplían órdenes», donde se dejan ver las limitaciones del derecho -del positivismo jurídico- y la necesidad de la conciencia para actuar libre y debidamente. Ahí el profesor encarnado por Bruno Ganz arroja luz sobre las relaciones entre ley y moral, a la vez que respeta la voluntad y libertad de su discípulo —y la imputada— para no defenderse con la verdad. Por otra parte, en la única visita que un maduro Michael realiza a Hanna en la cárcel, cuando ella está a punto de salir, el ya abogado la recrimina con que aún no ha aprendido a dejarse guiar por los sentimientos y liberado de la rígida disciplina de su educación nazi… pero él mismo retira su mano cuando la anciana Hanna trata de acariciarle en señal de agradecimiento. Parece claro que Michael necesita también superar su propio trauma adolescente, aprender a abrir un corazón frío y críptico desde aquella experiencia, de la que su divorcio, el trato distante con su hija o su vida con amantes de una noche son algunas de las secuelas.

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Dos seres que han vivido encerrados en un trauma, sin dejar que el aire fresco penetrara en su alma, sin permitir que los sentimientos jugaran su papel o la conciencia encontrara el camino en medio de una legalidad inhumana. A ella no le quedó mucho margen para reparar el error de su vida, aunque lo intentó a través de los libros. Él, aún tendrá su oportunidad gracias al sacrificio de la mujer que le marcó y hundió en su adolescencia y que ahora, de alguna manera, le ha rescatado para la vida. Ley y moral, conciencia y comportamiento, pasión y sentimiento… elementos de la vida de Hanna, de Michael y de todos los individuos, que claman por una armonía conciliadora. Para quienes quieran ver una historia semejante —menos americanizada, pues su producción es polaca— recomiendo la película póstuma de Andrzej Munk, «La pasajera», también sobre una guardiana de Auschwitz necesitada de afecto y sobrada de disciplina.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Escenas de «The reader (El lector)» – Copyright © 2008 The Weinstein Company, Mirage Enterprises y Neunte Babelsberg Film. Fotos por Melinda Sue Gordon. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.

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