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«The Runaways»: Más juguetes rotos

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«The Runaways»: Más juguetes rotos

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Un nuevo cuento de juguetes rotos que surge de los miembros originales de la banda en que se basa la película. Propuesta correcta, sin más, animada comercialmente por la presencia de dos iconos teen como son Stewart y Fanning.

Londres, 1975. Un grupo de muchachas desencantadas de la vida busca en la música una vía de escape de sus monótonas realidades. Con la ayuda del productor de moda (Michael Shannon) harán sus sueños ─y sus pesadillas─ realidad. “The Runaways” flota a la deriva en el océano de celuloide dedicado a las flores de un día que nacen y mueren sobre los escenarios con extraordinaria celeridad. La propuesta, dirigida por la especialista en videoclips Floria Sigismondi, llega con la implicación directa de dos de los miembros originales del grupo inspirador del film: desde la producción ejecutiva, la guitarrista Joan Jett; y desde la novela biográfica en que se basa la película, la vocalista Cherie Currie. Al frente del reparto, dando vida a ambas, respectivamente, Kristen Stewart y Dakota Fanning, cuyos papeles coincidentes en la saga de los vampiros brillantes garantizan una cierta vida comercial a esta cinta, mediocre y un tanto desvaída, que de otro modo no habría visto la luz en nuestro circuito de salas.

Sobre la infancia perdida, sobre la fragilidad de los inocentes, sobre el abrazo de las emociones al margen de la razón, sobre las segundas oportunidades. Sobre lo que pudo haber sido. Evidentemente, de eso habla “The Runaways”, una pauta tan cerrada y estricta en sus insinuaciones que roza el desinterés del palco desconocedor de la banda ya desde los primeros compases, no por la incorrección de la directora, sino por todo lo contrario. Y es que la presencia de dos juguetes mediáticos involuntarios ─más Stewart que Fanning, ya adolescente y alejada de aquella niña prodigio que encadenó un enorme ramillete de éxitos hace unos años─ imposibilita una mayor veracidad de la historia que nos cuentan, que no es otra que la de un puñado de niñas que se lanza al abismo de neón con total y absoluto desconocimiento en un cosmos peligroso, sugerente, auténtico, tan alejado de nuestra mortecina y clonada realidad artística que eones parecen separarnos de él.

Poco sexo ─consecuencia de la apreciación anterior─, algo de drogas y bastante punk rock se encadenan en una puesta en escena acertada desde la dirección artística y bastante fina en su fotografía, granulosa, retro ─más allá de la obviedad de la afirmación─, oxidada, pero sin suciedades ni empastes excesivos que desluzcan las justitas interpretaciones de la pareja protagonista, que centra todas las miradas de una cineasta que desenfoca, graba en cámara en mano y bebe del indie de postín, sí, pero a la que poco parece importarle reflejar el espectro musical y social de un momento histórico culturalmente fascinante; sólo encuentra cierta y auténtica libertad la narración en el alucinado rostro del gran Michael Shannon, muso de sí mismo como pope de la industria, lobo feroz capaz de seducir la virginal e ingenua rebeldía de un grupo de chiquillas que persiguen la provocación como símbolo de emancipación personal. Evidentes juguetes rotos, los inevitables rótulos postreros indican lo que ya sabemos. Cada mochuelo a su olivo, el que lo tenga. Vale.

Calificación:
5/10

En las imágenes: Fotogramas de “The Runaways” © 2010 Linson Entertainment, River Road Entertainment, Road Rebel y Runaway Productions. Todos los derechos reservados.

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