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«The visitor»: Pequeño triunfo minimalista

Críticas

«The visitor»: Pequeño triunfo minimalista

Afable, agridulce y en ocasiones distante, «The visitor» es un pequeño triunfo del minimalismo. Richard Jenkins es todo contención y oficio en un papel difícil pero discreto cuya presencia en el circo de los Oscars® sorprende.

Posiblemente la mejor versión de un viejo viudo y taciturno en el cine reciente la dio Jack Nicholson en «A propósito de Schmidt», exquisita encarnación del actor nunca tan valorada como otras en su filmografía porque, como bien es sabido, la contención siempre cuenta menos que el histrión. Aunque la película de Alexander Payne se ubicaba en unas coordenadas bien diferentes, aquel Schmidt tenía algún que otro punto en común con el Walter Vale (Richard Jenkins) de «The visitor», y aquel Nicholson utilizaba las mismas armas con las que Jenkins incorpora a su personaje.

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Estamos ante una narración de tono desapasionado y ritmo sosegado pero seguro. Los tiempos están medidamente marcados, y esto tiene particular relevancia en un filme en el que los ritmos narrativos orquestados por Tom McCarthy se equiparan con los vitales del protagonista. Walter es un profesor de universidad viudo y estancado en su existencia, en una docencia que ha repetido durante años y un proyecto de libro que se queda en eso, en proyecto. El compás entonces es lento, de cuatro tiempos como en la música clásica que Walter escucha antes de conocer a Tarek (Haaz Sleiman). Es entonces cuando el sirio le inicia en la práctica del djembe y Vale descubre que lo suyo es la percusión. De repente, su vida ha encontrado nuevas direcciones que nunca hubiera sospechado, y hemos pasado a un compás de tres tiempos. La analogía del personaje con la música es, por tanto, significativa más allá de su afición.

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«The visitor» se construye desde las bases de un minimalismo que tanto afecta a la expresividad de su actor principal como a las relaciones de su personaje con nuevas realidades a las que siguen nuevas decepciones. Minimalismo narrativo, pues no existe ni un solo alarde de más, ni una sola escena que se revele accesoria o gratuita. Minimalismo interpretativo, pues Jenkins es todo contención y oficio en un papel difícil pero discreto cuya presencia en el circo de los Oscars® sorprende cuando atendemos a su naturaleza. El segundo título que dirige McCarthy pretende, con estas bases, alcanzar un relato de pocas palabras y reflexiones imperiosas en torno a las relaciones humanas y la convivencia interracial. Si lo primero predomina sobre lo segundo es porque el tema abordado de la inmigración ilegal requería algo más que un trasfondo social meramente intuido, como aquí sucede frente a una mirada más incisiva hacia los personajes. El resultado deja al espectador a un paso de la empatía y algo más lejos de la sensibilización hacia el debate en torno a la inmigración ilegal, uno de los objetivos que, con indiscutible naturalidad y despojo de pretensiones, busca la cinta.

Afable, agridulce y en ocasiones distante, «The visitor» es un pequeño triunfo del minimalismo como forma entendida de buscar méritos cinematográficos y narrativos. Brillante el último plano, que viene a recordar que detrás de cada instrumento y persona a nuestro paso existe una historia seguramente fascinante que merece la pena ser contada. Sin embargo, y con todas las buenas sensaciones que deja el filme de McCarthy, el retrato queda en los interiores y renuncia a una dimensión mayor que proponer para un ensayo sobre las relaciones humanas o una mirada más incisiva hacia la fragilidad de las relaciones multiculturales en una sociedad globalizada bajo las condiciones de un mundo post 11-S.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Escenas de «The visitor» – Copyright © 2007 Groundswell Prouctions y Participant Productions. Fotos por Jojo Whildon. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.

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