Síguenos

Todo un camino de estrenos para esta semana: «Camino», «Diario de una ninfómana», «Corredor de fondo», «El abogado del terror», «El reino prohibido»…

Estrenos

Todo un camino de estrenos para esta semana: «Camino», «Diario de una ninfómana», «Corredor de fondo», «El abogado del terror», «El reino prohibido»…

CaminoDesconozco si “Camino”, el último film de Javier Fesser, y uno de los dos estrenos del cine español de esta semana —el otro es “Diario de una ninfómana”, del poco conocido Christian Molina—, levantará, o no, demasiada expectación en base a sus valores estrictamente cinematográficos; lo que sí tengo bastante claro es que, a priori, goza de todos los elementos necesarios para despertar una polémica de calado social bastante profundo, tanta como la generada por su compañera de cartel en el reciente Festival de San Sebastián, “Tiro en la cabeza”, de Jaime Rosales, aun cuando su enfoque y temática se sitúen en territorios bastante lejanos a los del film del director barcelonés. La de Fesser es, además de un giro radical respecto a sus precedentes —tan radical como para poder calificarlo, más que de giro, de auténtico revolcón—, una apuesta arriesgada y que, sin duda alguna, de no haber mediado el actual ambiente de paranoia colectiva basado en la situación de crisis económica generalizada, hubiera levantado una polvareda espectacular: no en balde, el Opus Dei sigue siendo una institución con una capacidad de influencia y maniobra que, difícil de calibrar (dado lo oscuro de sus movimientos), nadie cuestiona a día de hoy.

Camino

Y es que, en “Camino”, a tenor de todos los referentes disponibles —recordemos que la película ha podido ser vista por buena parte de la crítica en la cita donostiarra a la que antes aludíamos—, Javier Fesser no sólo apuesta por un dibujo dramático de tremenda dureza, basado en una historia con suficientes elementos argumentales sobrecogedores como para acogotar al más templado de los mortales, sino que lo hace tan extensa (el metraje se acerca a las dos horas y media) como intensamente (alguien ha llegado a calificar las imágenes que recogen las operaciones quirúrgicas sufridas por la protagonista como auténtica pornografía —sic—); algo, evidentemente, que nada tiene que ver con la mirada amable que, sobre los territorios de la enfermedad, posó hace algunos años Antonio Mercero con su “4ª planta”, y que hacen de su propuesta, más allá del morbo (obvio) que pueda generar, un producto de resultado comercial bastante incierto. Es la apuesta de Fesser, así la respaldan sus productores y así hay que respetarla: sólo habrá que ver si esa tan proclamada (por su parte) intención de asepsia valorativa (tan complicada, incluso para los que nos somos alumnos godardianos: la mirada de la cámara difícilmente es neutra…) y de buceo profundo en los sentimientos ha llegado a buen puerto.

«Diario de una ninfómana»: Pues eso…

Diario de una ninfómanaNo siempre es necesario ir a un matadero para proveerse de generosas raciones de carne; esta semana, al menos, todos los indicios apuntan a que eso mismo será factible en algunas salas de cine, concretamente, las que proyecten la adaptación a la gran pantalla de la celebradísima novela autobiográfica de la escritora (sic) francesa Valérie Tasso, “Diario de una ninfómana”. No es la primera vez, ni es previsible que sea la última, que se traspone al celuloide material literario de alto voltaje erótico (pregúntenle, si no, a Bigas Luna, cuya colaboradora habitual Cuca Canals, por cierto, es una de las muñidoras de este proyecto, en lides guionísticas); tampoco es extraño, por otro lado, que el aspecto que más expectación suela despertar acerca de este tipo de proyectos (y éste que nos ocupa no es una excepción en ese sentido), sea el de su grado de generosidad exhibidora (o, traducido al castellano vulgar, más rudo pero mucho más comprensible, cuánta chicha de esa que se han de comer los gusanos, tendremos oportunidad de disfrutar los humanos en la sala oscura). Como ven, cuestión arduamente cinéfila…

Diario de una ninfómana

En cualquier caso, este “Diario de una ninfómana” no parece un film destinado, a priori, a engrosar los anaqueles de las filmotecas de más lustre, entre cuyos fieles no se encontrará su público objetivo más voluminoso (salvo honrosas coincidencias, que siempre las hay…), sino más bien a dar solaz y esparcimiento visual a todos aquellos (y aquellas) a quienes la pornografía les puede venir larga (dicho sea sin segundas intenciones…) y las películas de un, pongamos por ejemplo, Vicente Aranda, les puede quedar un tanto corta. ¿Más allá de eso? La curiosidad de comprobar si su protagonista, la casi desconocida Belén Fabra, dando vida (y vaya vida…) al personaje de Val, goza de avales suficientes para convertirse en un nuevo icono erótico de nuestro cine; o verificar si el estajanovista Leonardo Sbaraglia (del que pronto, al paso que lleva, será más rápido y sencillo relacionar en qué películas no actúa, que reseñar en cuáles trabaja) pinta algo más que monas en este invento. Con esto y algún útil y práctico consejo (por ejemplo, sustituir las palomitas por agua con mucho, mucho hielo; o salir de casa con las tareas ya hechas…), es de suponer que se puede dar por concluido este avance. Feliz calentura, y ustedes que lo disfruten…

Fullmontiando que es gerundio

Corredor de fondoSi de algo sirvió (además, naturalmente, de para llenar las arcas de sus productores) el tan descomunal como inesperado éxito de un film como “Full Monty” , allá por los años finales de los años noventa del pasado siglo, fue para que el humor británico, hasta esa fecha más bien confinado en el territorio de las míticas series televisivas de la BBC, cobrara carta de naturaleza en la gran pantalla y alcanzara una difusión estable y regular allende las islas. Desde aquel entonces, no han dejado de llegar, con bastante frecuencia —aun cuando, necesario es reconocerlo, jamás han llegado a suscitar el mismo grado de entusiasmo ni de crítica ni de público—, ejemplares de la comedia cinematográfica británica a nuestras pantallas: la última muestra es ésta que, con el título de “Corredor de fondo”, se estrena esta semana, más de un año después de su estreno en su país de origen —un ejemplo más de cómo los designios de la distribución cinetamográfica en nuestro país siguen siendo tan insondables como los arcanos de la crisis financiera del mundo occidental…—.

Corredor de fondo

Bajo la batuta de David Schwimmer, bastante más conocido por sus largas temporadas interpretando al personaje de Ross en la celebérrima serie estadounidense “Friends” que por sus experiencias en lides de dirección (aunque, todo hay que decirlo, no es ésta la primera película que filma como realizador), y con el papel protagonista a cargo de un cómico que goza ya de un sólido prestigio al otro lado del canal, como es Simon Pegg (que también apareció por las pantallas españolas el pasado año, aunque lo hiciera con más pena que gloria, con un film bastante interesante, como fue “Arma fatal”), bien secundado por dos intérpretes que, sin alcanzar el estatus de estrellas, sí que gozan de cierto renombre (Thandie Newton y Hank Azaria), esta “Corredor de fondo” debe ofrecernos, si nos fiamos de sus referencias informativas más evidentes, un episodio más de ese cine de humor con pinceladas de fresco social —tan caras a la comedia británica— y esa comicidad a caballo entre la contención y la negritud (que algunos denominan flema típicamente british…) que constituyen los elementos más identificables de esta línea de producto.

Miedo de verdad

El abogado del terrorResulta una grata sorpresa comprobar cómo tendencias que, surgidas en un momento concreto, y, por tanto, con todos los pronunciamientos apuntando a una condición efímera y volátil, terminan consolidándose y apuntalándose a lo largo de varios años, marcando una línea que deja de ser la de una moda pasajera para convertirse en algo más consistente: es el caso del auge del documental cinematográfico, género que, lejos de perder pujanza y actualidad, no deja de colocar, con frecuencia casi semanal, nuevas muestras, casi siempre, también, de notorio interés —y a las que la única objeción que cabe oponer (y no por circunstancias intrínsecas del producto, quede claro) es la de su magra distribución—. Esta semana no es, en tal sentido, una excepción, y nos ofrece un documental que viene del país vecino, Francia, con el marchamo que le confiere la firma, en la realización, de un hombre con una dilatada carrera en el terreno del cine de ficción, como es el director francés de origen iraní Barbet Schroeder, y con el atractivo que le confiere el calado y la profundidad de los episodios que, al hilo del repaso a la vida de su protagonista —que constituye su hilo conductor argumental—, Jacques Vergès, nos presenta.

El abogado del terror

“El abogado del terror”, que es el título en cuestión, llega a las pantallas de nuestro país después de su paso, hace un año, por dos de los festivales de mayor prestigio del panorama cinematográfico internacional (Cannes y San Sebastián), y lo hace para ofrecernos una semblanza —de la que está por ver hasta qué punto marca distancias, o no, con el personaje que es objeto de la misma (siempre es complicado abstraerse de esa especie de Estocolmo artístico que suele aquejar a tantos documentales)— de una figura tan polémica y controvertida como el abogado defensor de grandes popes del terrorismo internacional, Jacques Vergès; figura que, ciertamente, goza de mucha mayor notoriedad en su país de origen, pero que no por ello carece de interés para el espectador del nuestro que pueda acercarse a la sala a ver la visión que de él nos ofrece Schroeder. Una visión en la que no deberían faltar luces y sombras (las mismas que cabe esperar de toda trayectoria humana extensa y rica en sucesos trascendentales), y en la que, con toda seguridad, se podrán encontrar claves de comprensión para algunos de los acontecimientos más convulsos y desconcertantes que tuvieron ocasión de brindarnos los estertores del pasado siglo. ¿Con proyección de futuro? Nada cabe descartar en estos tiempos difíciles.

Pim, pam, pum

El reino prohibidoQue crítica y público constituyen focos de valoración que difícilmente coinciden en sus apreciaciones es algo comúnmente sabido. Y lo relevante no es que esas discordancias se refieran a films concretos, sino que las mismas se extienden a conceptos genéricos, a cuestiones de fondo. Y me explico. La originalidad es un aditamento que suele tener bastante buena acogida entre la crítica; algo que se valora como particularmente positivo, en la medida en que aporta elementos (formales o materiales) novedosos, con lo que ello comporta de creatividad, de crecimiento, de mejora. Pero el público, a ese respecto, parece remar justamente en sentido contrario, y valorar fundamentalmente la repetición, la recurrencia, el camino trillado: así pues, las películas que arrasan en taquilla son aquellas que inciden en la última moda exitosa, generando, además, con ello, una retroalimentación perversa, que, cual la de una burbuja financiera cualquiera (es difícil escribir en estos días sin recurrir a algún símil del ramo…), sólo se rompe cuando la ubre ya no da más de sí —sobradamente exprimida, claro está—. Sólo así me cabe entender la llegada a los cines de una película como “El reino prohibido”.

El reino prohibido

¿Tendrá algo que aportar más allá, o distinto, de lo ya visto en films como la última entrega “momística” —”La momia: la tumba del emperador dragón”—, o, salvando las distancias de calidad, “Tigre y dragón” o “La casa de las dagas voladoras”? No parece previsible, pero tampoco parece ser eso lo que va buscando el público atraído por una propuesta de este tipo, sino más bien la enésima entrega de esa larga serie que ya forman, junto a otros muchos, los “capítulos” antes apuntados, y a los que éste viene a poner colofón (provisional, por supuesto, y en función de las recaudaciones conseguidas). O sea, suma (dólares, euros…) y sigue (rodando). Para films de este corte nunca falta un generoso presupuesto con el que poder financiar las toneladas de pirotecnia F/X de última generación o recabar la participación de las más rutilantes estrellas del género de acción, versión mamporro oriental (o sea, señores como Jet Li o Jackie Chan, con un prestigio más que bien ganado a lo largo de su ya amplia y exitosa carrera). Lo cual no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario: en los tiempos que corren, la evasión cotiza al alza (y, ya saben, no sobran últimamente los valores que hagan eso).

En las imágenes: Cartel y fotograma de «Camino» © 2008 Alta Classics. Todos los derechos reservados. Cartel y fotograma de «Diario de una ninfómana» © 2008 Filmax. Todos los derechos reservados. Cartel y fotograma de «Corredor de fondo» © 2007 TriPictures. Todos los derechos reservados. Cartel y fotograma de «El abogado del terror» © 2007 Baditri. Todos los derechos reservdos. Cartel y fotograma de «El reino prohibido» © 2008 Aurum. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Novedades destacadas

Guía de películas

A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z 1
Subir