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«Todos tenemos un plan»: Un panal de caos

Críticas

«Todos tenemos un plan»: Un panal de caos

El debut de Ana Piterbarg en la gran pantalla se salda con un thriller anémico, que en contra de lo que anuncia su título reúne una producción de lujo y actores remarcables sin otro plan que el de no contar nada nuevo.

En el arranque de «Todos tenemos un plan» (ver tráiler), Ana Piterbarg, que se estrena en el largo tras una intensa etapa de entrenamiento como directora en la televisión argentina, evidencia una de las muchas metáforas en continua persecución poética que recorren la película. Los enjambres de abejas, reunidos en panales que un apicultor cultiva y conserva para el aprovechamiento de la miel, pueden llegar a desestabilizarse si la reina da señales de decadencia. La solución natural, nos indica Piterbarg, consiste en sustituir a su majestad por otra, sin que los zánganos lo adviertan. El paralelismo, aparte de no corresponderse con el argumento —no se habla aquí de jerarquías, ni de sistemas apoyados en división de funciones, ni siquiera del reparto de poder entre hermanos—, resulta el menos adecuado para representar el espíritu del filme.

La historia avanza más bien como esas barcas que protagonizan el paisaje neblinoso y acuático del interior argentino: un flujo a la deriva, sin orientaciones claras, recreándose en el panorama y señalando de vez en cuando con el dedo hacia la orilla, sin detenerse por nada. Conducen dos reinas, o dos Viggo Mortensen, multiplicado en el papel de dos hermanos gemelos que se las prometen mezcla de «Su propia víctima» (Paul Henreid, 1964) e «Inseparables» (David Cronenberg, 1988). La suplantación de identidad que uno, el bienaventurado, ejerce sobre el otro, el modesto, da pie entonces a una atmósfera de thriller a la que Piterbarg desea agregar la extraña poesía del barro y el outsider de cabaña de un Cormac McCarthy o de la no muy lejana «Winter’s bone» (Debra Granik, 2010). Y aunque el escenario es bueno y posee suficientes engranajes para el suspense, el truco resultante parece un pase de manos en el aire que no escondía ningún tesoro, salvo las picaduras de un enigma que no es tal cosa.

Va por delante de ese misterio la total ausencia de definición de los personajes, todos ellos desvaídos y alguno directamente superfluo —como la desaprovechada presencia de Soledad Villamil—. También el conflicto del protagonista, movido por motivos siempre ocultos al espectador y que no sufre las dificultades del doppelgänger más allá de problemas tópicos. La opresión creciente, que tensa hilos de manera gratuita, respaldada por rencillas que tienen más de versión resumida y barata de John Sturges que de los ecos literarios que Piterbarg busca en Horacio Quiroga. En uno de los mejores cuentos de este autor, una variante de vampiro, escondido en una almohada, se dedica noche tras noche a extraer la sangre de una joven. Justo lo que le ocurre a «Todos tenemos un plan», título equívoco y errado: plano a plano ha perdido toda la amalgama entre sus partes, toda la miel.

Calificación: 4/10


Imágenes de “Todos tenemos un plan”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2012 Haddock Films, Tornasol Film, Terz Filmproduktion, Castafiore Films y Fox International Productions. Todos los derechos reservados.

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