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«Tokio blues (Norwegian wood)»: La piel difícil

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«Tokio blues (Norwegian wood)»: La piel difícil

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«Tokio blues (Norwegian wood)» es bellísima y agotadora en su densidad emocional. Es Haruki Murakami en imágenes, salvaje poesía que rompe el tiempo para crear la realidad líquida de una juventud frágil, desgarrada por sus sentimientos.

El éxito de la literatura de Haruki Murakami podría tener que ver con la identificación emocional, la idea de que bajo las diferencias culturales y las banalidades de best-seller, existe una esencia romántica que penetra con la misma facilidad bajo la piel de los dos lectores más distanciados del globo. Más aún, tiene algo que ver con la naturaleza misteriosa de los sentimientos que el escritor japonés disecciona en sus relatos, una exploración sensible que el director Tran Anh Hung entiende a través de una escritura visual densa, siempre al límite de la abstracción.

«Tokio blues (Norwegian wood)» (ver tráiler) es bellísima y agotadora en su espíritu apesadumbrado. Es Murakami en imágenes, o sea imágenes que rompen la realidad oficial para malear el tiempo y los sentimientos hasta una realidad propia. Tran Anh Hung ahoga sus planos de luz, reincide en fatalidades del amor y en última instancia concluye en la verdad romántica como una sensación a la deriva, nunca determinada. Sus temerarios ejercicios de enajenamiento llevan el texto a terrenos líquidos, en los que el contexto casi se desvanece y el enajenamiento emocional se apodera de sus personajes, como un extraño abrazo a esa suerte de fantástico psicológico que el escritor abraza en sus obras. En un momento de salvaje poesía visual, la cámara se acerca a un valle agitado por el viento, pero contrapone el zoom sobre la danza de las plantas a un slow motion (1) que destruye todo sentido temporal y narrativo para dejar que el espectador llene la imagen de sus propios pensamientos.

Con el ruido de la historia de fondo —Japón, años 60— y la disolución de Tokio en hermosos paisajes naturales —excelente fotografía de Lee Ping Bing, sin miedo al exceso lumínico como concepto—, esta película de espléndida factura sólo corre el riesgo de enamorarse de su propia melancolía. Pero es ese el riesgo del retrato de una juventud frágil y emocionalmente extrema, encarnada por jóvenes y brillantes actores que entienden a sus personajes —Kenichi Matsuyama, Rinko Kikuchi y Kiko Mizuhara aportan intensidad desgarradora a sus respectivos— como entes presos de sus fantasmas de siempre. Al menos, hasta encontrar otros nuevos que los sigan incapacitando para el ingreso en el mundo exterior. Hasta entonces, pura devastación sentimental, pura elegancia visual.

(1) Cámara lenta.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Tokio blues (Norwegian wood)”, película distribuida en España por Vértigo Films © 2010 Asmik Ace Entertainment, Fuji Television Network y Toho Company. Todos los derechos reservados.

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